Shopping & Fucking

Teatro, Teatro contemporáneo
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Shopping & Fucking

Mark Ravenhill es un dramaturgo visceral, de aquellos que sueltan las palabras como escupitajos, pero no escupitajos azarosos, sino esputos milimetrados que salpican con precisión las caras de los afectados. No hay nada abandonado al azar. Y comenzar la representación de Shopping & fucking con una vomitada podría ser visto como una manera de agarrar la que fue la primera obra de Ravenhill por el cuello, como debe ser. Pide actitud extrema, pero también una interpretación directa, sin vacilaciones, sin tanteos, sin teatro, casi. Porque la vida de Lulu (Clara Lago), Mark (David Marcé), Robbie (Ferran Vilajosana) y Gary (Quim Ávila) camina por los márgenes más oscuros de la condición humana: drogas, prostitución, SIDA, etc.

Hacer una película de la cuerda de Shopping & fucking como Drugstore cowboy o Réquiem por un sueño es más fácil que levantar una pieza como la de Ravenhill. Sobre todo cuando tienes delante una compañía demasiado joven para este texto. Una tropa que quiere hacer teatro, cuando es lo que deberían dejar de hacer. Demasiado gesto y poca profundidad discursiva, casi sin dirección. Nada que decir que los actores sean más jóvenes que los personajes pensados por Ravenhill, que dibujó un drama más adulto y, por tanto, más truculento. Lago está bién, incluso Mingo Ràfols (Brian) en el papel de diablo salvador. Buen intento. No es tan fácil, dejar la heroína.

Por Andreu Gomila

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