Waikiki Honolulu

Teatro
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Guárdalo
Waikiki Honolulu
© José Novoa
Waikiki Honolulu
Dramaturgia y dirección: Paul Berrondo. Con: Borja Espinosa y Joel Minguet.
 
Un título que evoca paraísos imaginados, ni siquiera perdidos, y que al final no es más que el nombre de un cóctel con el que se emborracha uno de los dos protagonistas de esta historia de amor imaginada por el actor Paul Berrondo en su segunda experiencia como dramaturgo y director.
 
Una historia de amor entre dos seres solitarios, desclasados, que malviven en la periferia de la sociedad y que no tienen grandes ilusiones ni perspectivas de futuro. Dos almas que se encuentran en una calle de una gran ciudad, junto a un bar donde ahogan con birras el tiempo y el devenir y que quizás tienen algo en común. Uno de ellos vive en una furgoneta y su deleite son los combates de boxeo. El otro no tiene donde ir después de que lo echaran de casa. Quizás el paraíso imaginado está más cerca de lo que pensaban. Quizás en una vuelta en moto por el País Vasco.
 
El texto de 'Waikiki Honolulu' es sobre todo un retrato al aguafuerte, duro y tierno a la vez, de la marginación social de aquellos para los que ni los años de bonanza que dicen que tuvimos, ni la reactivación económica que se anuncia , han servido de nada. Son perdedores como los del añorado Bernard-Marie Koltès y el texto de Berrondo apunta hacia esta poética, pero deja ver las limitaciones del debutante forzado por la idea primigenia hacia un sentimentalismo epidérmico.
 
La obra se ha escrito en buena parte sobre el escenario junto con los dos actores en un trabajo que resulta más atractivo en cuanto al texto que por una puesta en escena que no resuelve con eficacia los compromisos que se derivan de las palabras. A pesar de la entrega y buen trabajo de Borja Espinosa y Joel Minguet, la historia no se eleva y al cabo no nos queda nada más que un notable juego interpretativo.

Por Santi Fondevila

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