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Panoramic Montgat

Escapadas a 30 minutos de Barcelona

¿Tienes medio día libre? Te ofrecemos una selección de escapadas muy cerca de casa. ¡El tiempo no es excusa!

Por Maria Junyent y Claudia Ibáñez
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Para hacer una escapada no hace falta ir muy lejos, los lrededores de Barcelona ofrecen un montón de opciones que hay que conocer. No será necesario reservar habitación en un hotel singular o estresarse corriendo al aeropuerto. Sólo necesitaréis, más o menos, media hora y ganas de conocer nuevos rincones. ¿Vamos?

NO TE LO PIERDAS: Escapadas románticas cerca de Barcelona, y si no queréis coger el coche, probad con alguna de las mejores escapadas en tren cerca de Barcelona.

 

Castell de Castelldefels
Castell de Castelldefels
© Consorci de Turisme del Baix Llobregat

1. Castelldefels: la historia desconocida del Hollywood catalán

Aunque es muy conocido por ser la segunda residencia de estrellas del cine y futbolistas, Castelldefels ofrece muchas otras sorpresas: desde su castillo, considerado bien cultural de interés nacional hasta las minas prehistóricas de Gavá-Can Tintorer, que ofrecen visitas arqueológicas, pasando por el paseo marítimo.

No hace falta que sea verano para ir a su playa, Castelldefels es ideal para cualquier época del año y para cualquier tipo de visita -cultural, arqueológica- o simplemente para desconectar.

Se puede ir en tren desde la estación de Sants (R2).

MONESTIR DE SANT CUGAT-CLAUSTRE
MONESTIR DE SANT CUGAT-CLAUSTRE
Photo: Agència Catalana de Turisme

2. Sant Cugat: el epicentro del Vallés Occidental

Cruzando por debajo la montaña del Tibidabo, el Vallés Occidental nos ofrece muchísimas opciones. Una de las más sorprendentes es Sant Cugat. Lo que comenzó siendo una villa es ahora el séptimo municipio más rico del estado español. Se puede pasear por sus calles -muchas de ellas peatonales- hasta llegar al monasterio, que tiene uno de los claustrosmejor considerados de Barcelona: es ideal para desconectar del ruido y bullicio de la ciudad. Es como volver al pueblo, pero con buenas terrazas y ambiente familiar, de noche y de día.

Tomar un vermut con bravas en el Bar Rusiñol (Santigo Rusiñol, 43), o en cualquier sitio de la plaza del monasterio, es un placer que no os podéis perder.

Se puede ir en ferrocarril desde Plaza Catalunya (S1, S2, S5, S6 o S7).

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Playa de Montgat
Playa de Montgat
© Iván Moreno

3. Montgat: los veranos de ayer

Restaurantes Fuera de Barcelona

Hasta hace un año nunca había ido a Montgat, porque hasta hace un año no sabía que allí estaba el chiringuito de mis sueños: el Banys Virgen del Carmen, en la playa de Sant Joan, justo pasado el monte que separa Barcelona y el Maresme. Aquí no hay rastro del estilo californiano que impera en la Barceloneta, ni aséptico chill-out ni ensaladas emulsionadas ni ginebra premium. Están en las antípodas de este concepto: mesas largas, manteles de cuadros, un techo de caña que da una sombra que dan ganas de quedarse a montar una familia, gatos, geranios y camareros que sonríen, una especie en peligro de extinción. Y para cosas caras de ver, los precios que tienen: 8 euros el plato de sardinas, 4,50 las bravas, 4,75 los chipirones. Y a pie de playa. Todo es tan idílico que da pena compartirlo.

Sitges
Sitges
Foto: Katerina Knyazeva

4. Sitges: esto es vida

Museos e instituciones Fuera de Barcelona

En los años noventa Sitges estaba llena de carteles y pegatinas que decían: "Sitges. Esto es vida”. Cada vez que me tomo una caña en el patio de La Guineu (Barcelona, 20), que extiendo la toalla en la playa de Balmins –siempre más tranquila y limpia que las playas que están delante de la Punta– o que camino por la calle Aigua yendo hacia El Cable (Barcelona, 1), pienso lo mismo: la vida, en su vertiente más dulce y hedonista, y el blanco y la luz y Rusiñol que se queda. Pero lo mejor que tiene Sitges es todo lo que no es el blanco, la playa, los patios y la luz, que siempre han estado. Lo mejor es la gente que vive allí y que anima esta escenografía de cuento con movidas como el Festival Internacional de Cine Fantástico –del 9 al 18 de octubre–, o las 36 horas de alegría y Fiesta Mayor el 23 y 24 de cada mes de agosto y con iniciativas que crecen con más ilusión que recursos como la reciente Palmera Torta, una asociación sin ánimo de lucro nacida para animar el panorama musical de Sitges con una programación regular de conciertos.

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5. Vallvidrera: vuelta a la naturaleza

Lugares de interés Sarrià - Sant Gervasi

“El Parque Natural de Vallvidrera no es el Central Park de Barcelona”, explican desde la asociación de vecinos de Vallvidrera, cansados, entre otros motivos, del hecho que mucha gente vaya sin conciencia de estar en un parque natural. La mejor manera de conocer Vallvidrera es de la mano de alguien que viva allí, como por ejemplo el equipo del Centro Cívico Vázquez Montalbán (Reis Catòlics, 16). Entre las actividades que organiza el centro están las caminatas en grupo. Las más populares son las nocturnas, para las que hay que reservar con tiempo en: https://ccvazquezmontalban.inscripcionscc.com

6. Colònia Güell: pasado industrial

Museos e instituciones Arte y diseño

Pasear por la Colònia Güell, en Santa Coloma de Cervelló, es hacer un viaje al pasado, cuando la industria textil irrumpió con fuerza en Cataluña. En 1890 el empresario Eusebi Güell empezó a levantar esta colonia, con el objetivo de crear un núcleo industrial y urbano con teatro, iglesia y escuela incluida, con una vida social y económica tutelada por la empresa. Lo más sorprendente de todo es que la colonia es también una obra de arte modernista toda ella, que fue proyectada por los principales arquitectos del momento, entre los cuales estaba Gaudí, que se encargó de la iglesia: la cripta Gaudí, lo que sería el paso previo a la Sagrada Familia. Se puede ir desde la plaza de Espanya con ferrocarril (S3, S9, S8, R6, R60, R5 o R50).

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El Prat4
El Prat4
© Maria Dias

7. El Prat de Llobregat: el mirador de aviones

Qué hacer Fuera de Barcelona

En 2007 desde el ayuntamiento del Prat de Llobregat se dieron cuenta de cómo les gustaba a los vecinos ir a ver despegar los aviones, y colocaron unos cuantos bancos de cemento para la comodidad de espectadores que pasan horas y horas disfrutando del espectáculo. Es lo que es, aviones que despegan y que aterrizan, pero todo tiene un algo reconfortante y emocionante. A poco más de treinta metros de la pista, el ruido que hacen los motores de los aviones es demoledor. Se puede ir en bus urbano desde la plaza de Espanya, aunque tardaréis un poco más de media hora.

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