Escapadas a 30 minutos de Barcelona

¿Tienes medio día libre? Te ofrecemos una selección de escapadas muy cerca de casa. ¡El tiempo no es excusa!

Organizar una escapada no ha de ser una cosa pesada y enrevesada. Las cercanías de Barcelona están llenas de sitios que debéis conocer. No será necesario reservar habitación en un hotel o montar un 'planing' de horarios de vuelos. Solo necesitáis, más o menos, media hora y ganas de conocer nuevos rincones. ¿Vamos?

Montgat: los veranos de ayer

Hasta hace un año nunca había ido a Montgat, porque hasta hace un año no sabía que allí estaba el chiringuito de mis sueños: el Banys Virgen del Carmen, en la playa de Sant Joan, justo pasado el monte que separa Barcelona y el Maresme. Aquí no hay rastro del estilo californiano que impera en la Barceloneta, ni aséptico chill-out ni ensaladas emulsionadas ni ginebra premium. Están en las antípodas de este concepto: mesas largas, manteles de cuadros, un techo de caña que da una sombra que dan ganas de quedarse a montar una familia, gatos, geranios y camareros que sonríen, una especie en peligro de extinción. Y para cosas caras de ver, los precios que tienen: 8 euros el plato de sardinas, 4,50 las bravas, 4,75 los chipirones. Y a pie de playa. Todo es tan idílico que da pena compartirlo.

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Fuera de Barcelona

Sitges: esto es vida

En los años noventa Sitges estaba llena de carteles y pegatinas que decían: "Sitges. Esto es vida”. Cada vez que me tomo una caña en el patio de La Guineu (Barcelona, 20), que extiendo la toalla en la playa de Balmins –siempre más tranquila y limpia que las playas que están delante de la Punta– o que camino por la calle Aigua yendo hacia El Cable (Barcelona, 1), pienso lo mismo: la vida, en su vertiente más dulce y hedonista, y el blanco y la luz y Rusiñol que se queda. Pero lo mejor que tiene Sitges es todo lo que no es el blanco, la playa, los patios y la luz, que siempre han estado. Lo mejor es la gente que vive allí y que anima esta escenografía de cuento con movidas como el Festival Internacional de Cine Fantástico –del 9 al 18 de octubre–, o las 36 horas de alegría y Fiesta Mayor el 23 y 24 de cada mes de agosto y con iniciativas que crecen con más ilusión que recursos como la reciente Palmera Torta, una asociación sin ánimo de lucro nacida para animar el panorama musical de Sitges con una programación regular de conciertos.

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Fuera de Barcelona
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Vallvidrera: vuelta a la naturaleza

“El Parque Natural de Vallvidrera no es el Central Park de Barcelona”, explican desde la asociación de vecinos de Vallvidrera, cansados, entre otros motivos, del hecho que mucha gente vaya sin conciencia de estar en un parque natural. La mejor manera de conocer Vallvidrera es de la mano de alguien que viva allí, como por ejemplo el equipo del Centro Cívico Vázquez Montalbán (Reis Catòlics, 16). Entre las actividades que organiza el centro están las caminatas en grupo. Las más populares son las nocturnas, para las que hay que reservar con tiempo.

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Sarrià - Sant Gervasi

Colònia Güell: pasado industrial

Pasear por la Colònia Güell, en Santa Coloma de Cervelló, es hacer un viaje al pasado, cuando la industria textil irrumpió con fuerza en Cataluña. En 1890 el empresario Eusebi Güell empezó a levantar esta colonia, con el objetivo de crear un núcleo industrial y urbano con teatro, iglesia y escuela incluida, con una vida social y económica tutelada por la empresa. Lo más sorprendente de todo es que la colonia es también una obra de arte modernista toda ella, que fue proyectada por los principales arquitectos del momento, entre los cuales estaba Gaudí, que se encargó de la iglesia: la cripta Gaudí, lo que sería el paso previo a la Sagrada Familia. Se puede ir desde la plaza de Espanya con ferrocarril.

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El Prat de Llobregat: el mirador de aviones

En 2007 desde el ayuntamiento del Prat de Llobregat se dieron cuenta de cómo les gustaba a los vecinos ir a ver despegar los aviones, y colocaron unos cuantos bancos de cemento para la comodidad de espectadores que pasan horas y horas disfrutando del espectáculo. Es lo que es, aviones que despegan y que aterrizan, pero todo tiene un algo reconfortante y emocionante. A poco más de treinta metros de la pista, el ruido que hacen los motores de los aviones es demoledor. Se puede ir en bus urbano desde la plaza de Espanya.

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Fuera de Barcelona

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