Global icon-chevron-right España icon-chevron-right Barcelona icon-chevron-right Las calles más bonitas de Barcelona
Volta dels Tamborets
Foto: Maria Dias Volta dels Tamborets

Las calles más bonitas de Barcelona

Largas y pequeñas, con mucha vida y otras un oasis de tranquilidad. Paseamos por la ciudad buscando las calles más bonitas

Por Time Out Barcelona Editors
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La polémica acaba de empezar. Tenemos la suerte de vivir en una de las ciudades más bonitas del mundo y, en consecuencia, llena de calles con encanto, que acogen joyas modernistas, pasajes mágicos, vías que son conocidas por todo el mundo y calles que nos llevan a parques y jardines que nos transportan a otros lugares o que cruzan plazas donde te quedarías a ver la vida pasar.

La selección ha sido larga y complicada, os lo aseguramos, y después de mucho debatir esta es nuestra selección de las calles más bonitas de Barcelona. Hemos intentado que la mayoría de distritos estén representados y sabemos que se han quedado fuera lugares muy bonitos, así que os animamos a darnos vuestra opinión y a descubrirnos más sitios interesantes. 

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Volta dels Tamborets
Volta dels Tamborets
Foto: Jorge Franganillo / Flickr

Calle de la Volta dels Tamborets

¿Dónde está? Si camináis por el paseo del Born, antes de llegar al Fossar de les Moreres, se abren a la izquierda unos arcos de volúmenes medievales, túneles que dan acceso a estrechas callejuelas, el más espectacular de los cuales es la Volta dels Tamborets.

¿Por qué hay que ir? Las plantas en combinación con la cerámica verde de los balcones hacen de este conjunto uno de los rincones más acogedores del Born. Sus coquetas tiendas de utensilios y artesanía conectan con el pasado menestral del barrio pero en clave de diseño 'cool', como es el Born de ahora.

Carrer Ibèria
Carrer Ibèria
Foto: Maria Dias

Calle de Ibèria

¿Dónde está? La calle Ibèria es un desvío de casas antiguas y no muy altas que sale de la calle Olzinelles y que nos lleva a la plaza Ibèria.

¿Por qué hay que ir? Es como un pequeño pueblo que se esconde detrás de las Cotxeres de Sants, muy cerca y muy lejos de la transitada calle de Sants. Una tranquila terraza alejada del tráfico (ahora la de Can Violí, antes la del emblemático Floren) y el peculiar edificio de la Societat d’Artistes (AIE), nos hacen sentir lejos de la gran ciudad.

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Carrer Paletes
Carrer Paletes
Foto: Maria Dias

Calle de los Paletes

¿Dónde está? Casi arriba del todo de la calle Major de Sarrià. Si no lo conocéis quizá os pasará desapercibido. Es cortito, está como escondido –subiendo a la izquierda– y tiene una forma rara: hace un ángulo de 90 grados.

¿Por qué hay que ir? Para recordar que, además de la burguesía, en Sarrià también vivían trabajadores que, en este caso, hacían las casas. Este rinconcito de construcciones bajas, donde encontraréis el Centre d'Expressió Plàstica Traç (¡desde 1975!), es un acceso bonito y diferente a la tranquila plaza del Consell de la Vila, donde se alza la sede del distrito y podéis disfrutar de la terraza del Bocconi.

Carrer Betlem
Carrer Betlem
Foto: Marc Andreu

Calle de Betlem

¿Dónde está? Va de Gran de Gràcia a la calle de Topazi, donde muere o nace, depende de donde vengas, haciendo una especie de codo.

¿Por qué hay que ir? Justo en la esquina con la calle Topazi hay una planta baja muy bonita, con unos árboles espectaculares, altísimos, que recuerdan lo que debía ser Gràcia hace un siglo. La calle tiene este nombre porque había una torre, atención, que funcionó como manicomio de 1857 a 1873. Hoy en día no queda ni rastro.

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Carrer Campoamor
Carrer Campoamor
Foto: Maria Dias

Calle de Campoamor

¿Dónde está? Si nos bajamos en la estación de metro de Horta notaremos que se respira mejor. Pero si subimos la calle Horta hacia arriba nos querremos quedar a vivir allí.

¿Por qué hay que ir? A finales del siglo XIX, las familias adineradas de la ciudad ubicaron sus residencias de verano en la calle de Campoamor (entonces rambla de Cortada). La calle no ha perdido su encanto y pasearla nos transporta a esa antigua opulencia: una serie de torres modernistas de color pastel, árboles y silencio. Llegamos al final de la calle y sorpresa: ¡la Ronda de Dalt está allí mismo!

Carrer Enric Granados
Carrer Enric Granados
Foto: Maria Dias

Calle de Enric Granados

¿Dónde está? En la Izquiera del Eixample, se escampa por nueve manzanas. Se trata de un pequeño oasis dentro de la trama urbana de Cerdà porque solo tiene un carril y está totalmente peatonalizada en el seu último tramo, tocando a la Universidad.

¿Por qué hay que ir? Pasear por esta calle es muy agradable, hacerlo en bici, recorrerla desde la Diagonal hacia abajo, aprovechando la pendiente. Percibes el encanto del Eixample –pero también una cierta frialdad– y encuentras diferentes reclamos: galerías (la Marlbourough), el Instituto Maragall (con una pared de pizarra que alimentan las promesas del bachillerato artístico), tiendas bonitas (The Avant, Ailanto, Au nom de la Rose), y bares (Colmado Barcelona, La Fàbrica del Vermutillo, Cosmo), además de una de nuestras heladerías favoritas (Delacrem).

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Carrer Julià
Carrer Julià
Foto: Maria Dias

Calle de Julià

¿Dónde está? Es la arteria principal del barrio de la Satalia, entre Montjuïc y el Poble-sec.

¿Por qué hay que ir? Caminar por esta calle, rodeada de casas unifamiliares, te hace sentir que estás muy lejos del jaleo de la urbe –aunque estás a cinco minutos del Paral·lel– y al mismo tiempo ofrece una panorámica espectacular de Barcelona. El edificio con más encanto es, sin duda, la casa del número 8, literalmente invadida por la vegetación. ¿Quién no querría vivir allí?

Carrer del Clot
Carrer del Clot
Foto: Maria Dias

Calle del Clot

¿Dónde está? Transcurre casi paralelo a la Meridiana, que se abrió posteriormente, y mantiene el carácter de vía concurrida de cuando era la carretera de Ribes.

¿Por qué hay que ir? Porque el barrio late, para hacer un vermut al sol (en la bodega  Sopena) o comprar una buena lectura (en el Pebre Negre). Porque las casas bajas construidas en lo alto de la calle, cerca de la plaza de las Glòries, son una reliquia de 1837 y por los elementos modernistas que encontramos, como la rana de Can Budesca (en el número 92).

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Baixada de Viladecols
Baixada de Viladecols
Foto: Maria Dias

Baixada de Viladecols

¿Dónde está? Es una de las calles con más encanto de Ciutat Vella. Una arteria que conecta el corazón gótico de una ciudad medieval con un espectacular fragmento arqueológico de la época romana.

¿Por qué hay que ir? Podéis empezar chafardeando galerías de arte y tiendas de ropa infantil, comer algo en un restaurante de cocina catalana e incluso un heladito, pero sobre todo hay que llegar al final y disfrutar de las terrazas de la plaza dels Traginers, sentarse junto al olivo, a la sombra de una torre con 17 siglos de historia.

Major de Sarrià
Major de Sarrià
Foto: Maria Dias

Calle Major de Sarrià

¿Dónde está? Conecta la tristamente célebre plaza de Artós con la plaza de Sarrià y vertebra el núcleo antiguo y con más encanto de este barrio acomodado.

¿Por qué hay que ir? Porque os adentraréis en un vecindario con historia y carácter propio. A medida que vayáis subiendo por esta calle pacificada y con adoquines, tendréis más la sensación del pueblo que fue. Podéis hacer pequeñas excursiones por las calles adyacentes –no os perdáis el pequeño pasaje de Mallofré– y os detendréis a comeros unas bravas en el mítico Bar Tomás. Cuando estéis arriba del todo, no podréis evitar entrar en la pastelería Foix. ¡Qué chocolate!

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Carrer Sant Carles
Carrer Sant Carles
Foto: Maria Dias

Calle de Sant Carles

¿Dónde está? En la Barceloneta. Empieza en Joan de Borbó y llega hasta la plaza Hilari Salvadó.

¿Por qué hay que ir? Quizá piensas que está saturado y que ya no es lo que era. Seguramente tienes razón, pero todavía puedes reconciliarte con el barrio (y la vida) en la calle de Sant Carles. Cuando pasees por ella fíjate en el antiguo edificio de la Fraternitat –ahora la sede de la biblioteca– y en la Casa de la Barceloneta, en el número 6. Construida en 1761, es uno de los pocos ejemplos de la arquitectura original del barrio que se mantiene en pie: ahora acoge exposiciones. No pases de largo tampoco el Electricitat ni la  Leo, más que bares, mitos donde podrás volver a sentir el espíritu de la Barceloneta. Llega al final de la calle, hasta la fuente de Carmen Amaya y preséntale tus respetos.

Arc de Sant Agustí
Arc de Sant Agustí
Foto: Maria Dias

Calle del Arc de Sant Agustí

¿Dónde está? La calle que conecta Sant Pau con Hospital a la altura del Liceu. Un espacio señorial gracias a una iglesia a medio terminar que parece el esqueleto fosilizado de un gigantesco dinosaurio.

¿Por qué hay que ir? Un de los pocos rincones donde se puede encontrar el espíritu del antiguo barrio Chino, con clásicos de la gastronomía obrera como el Romesco y una irresistible bodega, la  Montse, para soñar despierto con la vida eterna de siglo XX. También hay que tener presente el Àsia, maestros de la fusión picante donde preparan uno de los mejores cuscús de la ciudad.

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Cases barates al Turó de la Peira
Cases barates al Turó de la Peira
Foto: Maria Dias

Calle de Vila-seca

¿Dónde está? Es una de las calles de Can Peguera, en Nou Barris, también conocido como Casas Baratas.

¿Por qué hay que ir? Es como pasear por un pueblecito con casas bajas a cada lado de la calle, donde las abuelas sacan las sillas a la calle, al fresco, para charlar y los niños puede jugar cerca de casa. Las casas de esta calle y otras del barrio se construyeron en 1929 y gracias a la lucha de las asociaciones de vecinos han conseguido que se conserven y que se vayan acondicionando. Descubrid este rincón de Nou Barris y sentid orgullo de barrio.

Carrer Tordera
Carrer Tordera
Foto: Marc Andreu

Calle de Tordera

¿Dónde está? Está en el epicentro de la Gràcia gitana. Casitas bajas de no más de tres alturas y con muchas plantas bajas, va de Torrent de l'Olla a Bailèn.

¿Por qué hay que ir? La calle de Tordera es uno de los límites de la plaza del Raspall, el centro místico del universo, según el escritor Víctor Nubla. Está fuera de los circuitos turísticos. Hay buenos bares, como La Barraqueta, y buenos restaurantes, como  Cal Boter. Se respira paz y buen rollo. Y la gente te mira, como en los pueblos, si no eres de por allí.

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Carrer Pere IV
Carrer Pere IV
Foto: Maria Dias

Calle de Pere IV

¿Dónde está? Es la Diagonal que corta entre la calle Zamora y la punta de la Rambla Prim: 3,7 kilómetros que unen la Vil·la Olímpica con el Besòs.

¿Por qué hay que ir? Porque es una calle que ha pasado de cicatriz urbana –una acera de metro y medio invadida por el tráfico pesado– a ser un luminoso eje ciudadano. Y lo tiene todo: desde una vida vecinal llena de comercio de proximidad –en su confluencia con Marià Aguiló–, pasando por vida cultural (Niu espai Artístic, la  Beckett) hasta fascinantes naves industriales recuperadas. Recorrer Pere IV a ritmo de 'footing' pausado es una gloria visual.

Carrer Arc de Sant Sever
Carrer Arc de Sant Sever
Foto: Maria Dias

Calle del Arc de Sant Sever

¿Dónde está? Cerca de la salida del metro de Clot, entre Rogent y la Meridiana. Lo localizaréis porque la línea de fachadas de la acerca de montaña se rompe: es como un agujero espacial y temporal que se abre a la calle València número 609.

¿Por qué hay que ir? Si os acercáis hasta allí os entrarán ganas de saber más: parece ser un paso de origen medieval, con casas bajas a un lado y una finca de aspecto rural (abandonada) en el otro. No tiene salida, ni querréis salir de allí y es que por un momento tienes la ilusión de no estar en Barcelona.

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Carrer de Grau a Sant Andreu
Carrer de Grau a Sant Andreu
Foto: Maria Dias

Calle de Grau

¿Dónde está? No hay que ir al centro para disfrutar de calles singulares: en el corazón del barrio de Sant Andreu se encuentra la calle Grau (antigua calle del huerto). 

¿Por qué hay que ir? La particularidad radica en su estructura: en forma de L y similar al estilo urbanístico de la zona del Maresme. Está formado por una hilera de casas bajas en el lado derecho con sus correspondientes patios y huertos, justo delante. Pasear entre los dos lados te traslada a un plácido pueblo. Recordamos que Sant Andreu no se anexionó a Barcelona hasta el año 1897. Si te diriges a los números 56 y 58 encontrarás, además, una colorida joya bien escondida: el patio-museo del vecino Isidre Castells, o dicho de otra manera, su particular "Cataluña en miniatura".

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