L'òpera de tres rals
Foto: Alice Brazzit / Grec | L'òpera de tres rals
Foto: Alice Brazzit / Grec

Las obras de teatro recomendadas de la cartelera de Barcelona

Seleccionamos las mejores representaciones de teatro, danza y comedia que hay actualmente en la cartelera de Barcelona

Escrito por: Paula Carreras
Colaborador: Borja Duñó
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Desde espectáculos más pequeños a grandes producciones, de monólogos a musicales alucinantes... La cartelera de teatro de Barcelona es potente y ofrece shows para todo tipo de público. Si te preguntas cuáles son las mejores obras que se pueden ver en nuestros escenarios, hemos hecho una selección de las piezas que no hay que perderse de ninguna de las maneras. Tampoco te pierdas los mejores musicales y las mejores obras de teatro infantil en Barcelona.

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Las mejores obras de la cartelera de Barcelona

  • L'Antiga Esquerra de l'Eixample
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Nos acaba de dejar el maestro de críticos Marcos Ordóñez, que defendía el género de la comedia como una “opción vital y moral”. Para mostrar las tensiones de la vida contemporánea resulta oportuno visitar el claustro de un instituto conflictivo o, mejor dicho, “de alta complejidad”, siguiendo la broma de los eufemismos que recorre la pieza.

De la dramaturga Eu Manzanares –Dopaland, El mestre i el mar– podemos esperar piezas atentas a las desigualdades de poder, y ahora apunta a las contradicciones del sistema educativo. A su lado, el prolífico director Nelson Valente –El loco y la camisa– vuelve a un terreno que domina, la comedia de situación y los grupos humanos llevados al límite.

  • El Poble-sec
  • 3 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Dos meses y medio después del estreno, ya sin el calor del Teatre Grec, la controversia de L'òpera de tres rals de Marta Pazos llega al Lliure más ligera. A pesar del rodaje, la épica de la caída de Mackie el Navaja sigue sin cortar lo suficiente. En la obra que inaugura el cincuentenario del teatro, el gris se impone: domina la escenografía y el vestuario, impregna también las palomas, leitmotiv visual que acentúa la monotonía. La vedette Marta Bernal recibe al público con desparpajo cabaretero, pero la promesa de romper la cuarta pared se desvanece cuando el espectáculo se cierra sobre sí mismo.

En la Fabià Puigserver, la cercanía refuerza el magnetismo plástico de la propuesta. Pazos lleva a Brecht y Weill hacia un universo entre el expresionismo alemán y el formalismo escénico de Robert Wilson, con maquillajes arlequinescos y cuerpos de dibujo animado. Las coreografías de Mabel Olea, basadas en la deformación y los movimientos de autómata, completan un lenguaje corporal exigente que el conjunto no siempre resuelve con precisión.

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  • El Raval
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Si hay algún género teatral que todos los catalanes dominamos, nos dediquemos o no profesionalmente a la interpretación, es el de las comidas familiares. Cada uno conoce sus cosas, pero quien más quien menos domina la liturgia implícita de la ocasión, saca sus mejores armas para sobrevivir a la comida y hace las filigranas necesarias para abordar o evitar temas concretos. Como todo ello nos resulta familiar –nunca mejor dicho–, subirlo al escenario funciona de maravilla.

Y más si es con un reparto encabezado por Emma Vilarasau y Jordi Boixaderas, los padres de una familia convencional que han dado un giro a su vida y se han marchado de la ciudad para perseguir la fantasía eco con la que todo urbanita ha hecho castillos en el aire alguna vez. Les acompañan, con casi el mismo grado de protagonismo, Sara Espígul, Miranda Gas y Júlia Bonjoch, que son sus tres hijas, y Arnau Puig, Marc Bosch y Tai Fati, que hacen de parejas de las hijas. Y este elenco, precisamente, es uno de los principales aciertos del montaje. No solo porque todos ellos son profesionales excelentes y sólidos, sino porque es tan coral que resulta imposible decir quién es el protagonista de la historia.

  • El Poble-sec
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Seis horas de teatro, sí. Seis horas de hombres hablando sobre derechos, libertades, homosexualidad y compasión, exactamente. Ese es el reto de L'herència: querer entrar en este mundo levantado por Matthew López y no tener intención de marcharse. Seis horas en las que nos adentraremos en las vidas de Eric Glass, Toby Darling, Walter Poole, Adam MacDowell y Henry Wilcox, viajaremos a los años 80, a Nueva York, en plena brutal epidemia del sida, y volveremos a nuestro tiempo, al final del segundo mandato de Barack Obama y al primero de Donald Trump, en un viaje de ida y vuelta que nos hará soltar alguna lágrima. Porque quizás no sepamos nada de todo aquello, o quizás lo hayamos olvidado.

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  • El Raval
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

“¿Qué es un artista?” se pregunta el propio Oscar Wilde a través de la voz y el cuerpo de Àngels Gonyalons en un prefacio que nos advierte que los textos no son morales o inmorales: solo están o bien o mal escritos. El autor será el narrador de su propia historia y, estos días en el Romea, lo hace a través de una de las mejores dicciones de Catalunya.

El despliegue de talento de Gonyalons es de nota, hace casi todos los papeles: también es Dorian Gray, el protagonista obsesionado con su belleza y juventud; Basyl Hayward, el pintor encargado de retratarlo, Sybil Vane, actriz y el primer gran amor de Dorian; y también Lord Henry, amigo y mala influencia para Dorian.

  • El Poble-sec
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

2025 ha sido, sin duda, el año de Roc Bernadí y de Albert Salazar. Hace unos meses, uno triunfaba con El día de la marmota en el Coliseum y el otro con L'herència en el Lliure. A finales de año les ha tocado compartir escenario y ser, respectivamente, Eddie y Mickey, los hermanos de sangre que creó Willy Russell a principios de los años 80 del siglo pasado; una tragedia griega con todas las de la ley pasada por el tamiz contemporáneo de la diferencia de clases, muy británico y muy de aquella época, inicios del thatcherismo.

El letrista y compositor británico trasladó a la Inglaterra de su tiempo lo que podría haber escrito Esquilo hace 25 siglos. En gran medida, Germans de sang es una Orestíada, con dos hermanos gemelos separados al nacer, cuyo destino hace que, realmente, nunca vivan alejados el uno del otro. Russell fue muy moderno en su época narrando el final cronológico de la historia justo al principio, con la muerte de Eddie y Mickey. La función comienza con los hermanos tendidos en el suelo y su madre cantando ya el hit del musical, No pot ser veritat (Tell me it's not true).

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  • L'Antiga Esquerra de l'Eixample
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Lo que hace Cristina Clemente en Dones de ràdio es extremadamente complicado, al alcance de muy pocos autores: una comedia a partir de una situación trágica sin perder ni una pizca de sensibilidad por el camino. Sabe que no puede burlarse del cáncer de mama, ni del drama que atraviesan millones de mujeres. Pero puede crear una situación, unos mecanismos, que provoquen esa cosa tan extraña que es reír, o al menos esbozar una sonrisa, mientras lloras.

Y todo esto es posible porque cuenta con un director que se toma muy en serio el teatro y que sabe olfatear los éxitos, que sabe subrayar frases y mover las piezas como un ajedrecista, incluso quien tiene la idea de colocar una gran roca en medio del escenario, sobre la cual girarán sus criaturas. Sergi Belbel, maestro de Clemente, ha asumido el texto como si se tratara de Yasmina Reza o de Neil Simon, como si fuera un clásico contemporáneo, cosa de la que no tengo ninguna duda que Dones de ràdio acabará siendo: con el tirón que tiene la autora en Europa y América Latina, ya deben de estar peleándose por adaptarla.

  • L'Antiga Esquerra de l'Eixample
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

La aparición de un viejo conocido en una casa que llega para provocar un cataclismo de proporciones diversas es uno de los motores recurrentes del teatro, desde Oncle Vània a Göteborg. Y Lucy Kirkwood utiliza el mismo cebo en Els fills para hacernos zambullir en una obra de gran alcance ideológico y moral sobre la responsabilidad de las generaciones más mayores respecto a las que vienen detrás. Todo lo que plantea es tan vigente que da pavor y no hay nada sobrante en esta obra.

Todo empieza con la llegada de la Rose (Emma Vilarasau) al hogar de la Hazel (Mercè Arànega) y Robin (Jordi Boixaderas). Los tres son físicos, se conocen de toda la vida, pero hace cerca de 40 años que no se ven. No sabremos el motivo de la visita de la vieja amiga hasta el final y será importante. El mundo de la función es un lugar que acaba de sufrir un accidente nuclear y, por lo tanto, podríamos decir que estamos ante una pieza de cariz apocalíptico, de una apocalipsis concreta, incluso cotidiana. Pero Kirkwood es suficientemente hábil para presentarnos tres personajes séniores (están jubilados), con cartas escondidas y una relación íntima para mojar pan.

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