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© Maria DiasBrera

¿Dónde comer barato en Barcelona?

Una selección de 15 lugares excelentes para comer bien y económico

Ricard Martín
Escrito por
Ricard Martín
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Os ayudamos en la épica tarea de encontrar lugares buenos y baratos donde comer en Barcelona. Un asunto que, con la subida del IPC y el coste de la vida, es cada vez más difícil. Ahora bien, os aseguro que si lleváis a alguien a comer a uno de estos restaurantes, el único tipo de interés que valga seréis vosotros, por haber acertado el disparo. Porque todo el mundo acierta gastándose 250 euros en una Michelin, pero lo difícil es encontrar buen lugar donde salir satisfecho por 15 o 17 euros.

NO TE LO PIERDAS: Y si tu presupuesto tiene un límite marcado, aquí tienes una lista de los mejores menús de mediodía de Barcelona

  • Restaurantes
  • Sants - Montjuïc

La segunda vida de la Bodega Montferry es donde estuvo el Bar La Montañesa, "un local que durante los años noventa se reconvirtió en un bar de menú, pero que en origen era una bodega.

Tras tener que cerrar de su primera sede, el verano de 2022 se establecieron unas calles más abajo. Todo ha cambiado para seguir igual: mantienen los precios populares y una extraordinaria relación calidad-precio. Que te salta a la boca cuando comes un bocadillo de mollete de fricandó (4'75 €) o de berenjena confitada con champiñones y salsa romesco (4 €). Y por supuesto, un repertorio de cocina por bodega breve, pero para mojar pan y hecho al momento: capipota y tripa, albóndigas con calamar, oreja con garbanzos... ¡Alegría!

Bar Casi
  • Bares y pubs
  • Bares de tapas
  • Vila de Gràcia

Xavi Montes es un tabernero vocacional. Y en el Bar Casi, con una fachada de bareto de carajillo guerrillero, es donde despliega todo su encanto natural. En la parte más empinada y desierta de Gràcia, el Casi abrió el año 1978. Son seis mesas en un bar que no tiene nada del otro mundo. Aparentemente. Esconde una calidez y un dinamismo especial: Montes cada día pone en juego almuerzos de cuchillo y tenedor y un menú a 13,50 € (generoso, casero, fuera de serie) y su carisma. Aquí te llaman 'rey' y te atienden desde el primer día como si fueras cliente desde hace veinte años.

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  • Restaurantes
  • Pizza
  • El Poblenou
  • precio 2 de 4

La pizza napolitana tiene que ser popular. Esta es una regla que, en una ciudad donde el adjetivo gourmet prolifera, a menudo falla. Pero en Zia Carolina esto se cumple con todo detalle. En medio del renovado eje de Pere IV, dos hermanos napolitanos, Antonio y Ciro, han puesto manos a la masa para ofrecer una pizza napolitana de muy buena calidad-precio.

El local es austero pero agradable, y Ciro prepara las pizzas con una rapidez y habilidad que parecen sobrenaturales. Si no hay demasiada cola, en unos escasos tres minutos os sacará del horno pizzas como la Diavola, con una generosa ración de guindilla y salami de Nápoles. La masa cumple el requisito de borde grueso y alveolada, y los ingredientes son buenos, estirando al máximo lo que permiten unos precios de entre seis y nueve euros. Con una pizza enorme y dos cervecitas bien tiradas, sales a 14 euros por cabeza.  

  • Restaurantes
  • Italiana
  • Hostafrancs
  • precio 1 de 4

Contra el mal cuerpo que un pretendido gran restaurante italiano te clave 15 euros por media bolsa de pasta fresca industrial que en el súper cuesta 3, os podéis regalar un mediodía o una noche en el Brera: un bar restaurante de italianidad austera pero total, resguardado en una esquina de Hostafrancs. Un puñetazo pequeño y sin artificios, pero orgulloso: doce referencias, entre antipasti y ñoquis, "todos hechos desde cero".

Lo abrió Mirko Italiano a finales de 2018, y en enero de 2019 decidió convertirlo en "el único bar de ñoquis de Europa, que tenga yo constancia", ríe. Italiano amasa los ñoquis cada día. "El ñoqui es una pasta que lleva huevos, harina y patata. Mi receta tiene una masa de sólo patata y harina, con un toque especial ", explica. Y vaya, es cierto. Tras examinar una carta breve pero tentadora (¡ñoquis con berenjena ahumada, gambas y pesto de pistachos! Y un menú de mediodía a 12 euros) me decido por los clásicos de ragú.

Tras examinar una carta breve pero tentadora elijo un platazo de ñoquis de ragú –impecable, con más carne que salsa, como debe ser–, que sale por diez euros. Cualquiera que entienda, sabe que un abundante plato de pasta hecha a mano con salsa casera por diez euros es un regalo. 

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  • Restaurantes

La israelí Shira Ben Shitrit es la jefa de A Tu Bola Gourmet Food, un minúsculo restaurante que refunde el producto de proximidad y a menudo ecológico en forma de platos combinados de imaginativas albóndigas, donde podéis elegir pelotas y acompañamiento.

Shira explica que la inspiración para hacer recetas de bolas tan imaginativas -y saludables- como la bola Lenduri (lentejas tandoor con calabacín y 'tzatziki') proviene de la cocina estilo marroquí de su abuela (y se nota, porque este es un lugar de comida rápida, donde se nota el cariño '). Tres enormes bolas de cordero especiado –tienen muchas variedades vegetarianas- más unos fideos -de arroz extrafinos- salteados con verduras, cuestan 12 euros (copa de vino bueno incluido). Y de postres, una bola de chocolate. Si estás sentado en la barra que mira al Raval, espectáculo asegurado. 

  • Música
  • Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera

En el Paseo del Born hay vida más allá del guiri. Aunque el barrio esté contagiándose del síndrome del parque temático, todavía hay rincones que sabes que permanecerán en pie cuando el pandemónium amaine y podamos vivir de una vez todos en paz en el Casco Antiguo.

El Cactus es uno de esos reductos. A los turistas les flipa, pero este pequeño bar ha sabido mantener intacta su personalidad y en ningún momento se ha alejado de su esencia: forma parte del Born más incorruptible y así será, a pesar de las manadas de guiris que corren en estampida a la barra cada vez que aparece un mojito.

Sí, los mojitos del Cactus son una maravilla. Mojitos como es debido. Golosos, generosos, con ingredientes de primera calidad y la medida exacta en las dosis. Y por la noche salen en tromba para rellenar el depósito de una tropa hambrienta de azúcar moreno, ron y menta; una tropa que suele llenar el local cuando llega el buen tiempo.

La planta baja es una caja llamativa donde flota una bola de discoteca que baña de luces la estancia al ritmo de los DJs. Si estáis aburridos, podéis sentaros junto al ventanal y ver el desfile de personajes que pululan por el barrio cuando llega la oscuridad. Y si os apetece airear las axilas, resulta obligatorio clavar las nalgas en la terraza, la joya más codiciada del local.

Cubierta por un pequeño porche de construcción antigua, protegida en una esquina, la terraza del Cactus es un enclave privilegiado en la ribera del Paseo del Born. Un mirador que adquiere estatus de lugar celestial por las mañanas. Y es que el Cactus funciona todo el día, y apuesta también por unos smoothies, vermuts y shakeratos de primera que complementan la notable carta de cócteles y conviven con unos desayunos dionisíacos llenos de golosinas de pastelería high class. Lagrimita, ¿verdad?.

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  • Restaurantes
  • Bar de bocadillos
  • Sant Antoni
  • precio 1 de 4

Los años pasan, y los hermanos Alam, de origen paquistaní y con fuerte tradición de restauración en Barcelona (tienen el 'background' de restaurantes familiares en el Raval, Shalimar y Flor de Maig) siguen triumfando con nuevos locales. Pero en esencia nada ha cambiado en the Fish & Chips Shop, por más sucursales que abran: el plato más barato de la casa es un pedazo de ración de tres piezas de pescado fresco con un rebozado suavísimo, ahumado con leña de castaño y las patatas fritas más buenas que puedas imaginarte, que no llega a los nueve euros. 

Iakni
  • Restaurantes
  • Libanesa
  • Sant Antoni

Un magnífico ejemplo de restaurante libanés no folclórico es el Iakni. Dos hermanos del país de los cedros, Ralph (ingeniero) y Miguel (publicista), no venden motos: Iakni significa 'comida casera'. El local, en San Antonio y a precio de vecino, es un rinconcito blanco y balsámico. Ni microondas, ni freidoras ni hummus de remolacha. Aquí el puré de berengenas es espeso, y es más cercano a la escalivada que a la crema indeterminada. La carta es corta: tres tipos de hummus y un apartado de 'mezzés': las tapas libanesas, vaya -con un falafel espléndido, suave, sabroso, crujiente y no reseco, un tabule balsámico y 'kebe' (croquetas) -, y bocadillos excelentes. Para compartir (o no), y por 15 euros os pondréis hasta las cejas.

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  • Restaurantes
  • Sant Antoni
  • precio 1 de 4

Comidas caseras. Ya son pocos los lugares que pueden definirse así, como Can Vilaró. Un histórico, un clásico, un auténtico. Ubicado frente al majestuoso y renovado mercado de Sant Antoni, Sisco y Dolors reciben diariamente como en casa toda una legión de clientes fieles que ya saben qué elegir. Sin menú, solo una carta de precio muy atractivo y platos del día.
I debe ser uno de los restaurantes serios de Barcelona -con todo hecho desde cero y producto de escrupulosa temporada- donde se come mejor de precio a la carta. Con 15 euros para gastar, esto es un festival de habas a la catalana y pies de cerdo con setas, por citar un recorrido. 

  • Restaurantes
  • China
  • Sant Antoni
  • precio 2 de 4

¿Qué es un 'dumpling' -o una 'gyoza' o un 'bao' o un ravioli ...- sino una versión diferente del mismo? Ese arquetipo universal de piezas de masa rellena (dios su 'empanadilla' o hatillo o 'Shaomai') que a menudo se come con la mano y se traga de un solo bocado de placer.

En Dr. Zhang se han especializado en la empanadilla china (aunque ellos no lo sean). Y puedes ver como te llevan, de la cocina a la mesa, piezas tan variadas y poco ortodoxas como los rellenos de pato o los fritos con curry. No tienen ningún problema en hacer, por ejemplo, un 'wan ton' de Halloween relleno de calabaza, boniato, curry y salsa agridulce. La pasta es buena y casera, el relleno hecho con cuidado.

Comer aquí es un doble placer: porque ofrecen platos de elaboración casera y buen producto que en pocas ocasiones sobrepasan los siete euros. 

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  • Restaurantes
  • Sarrià - Sant Gervasi
  • precio 1 de 4

El nombre ya lo indica: aquí se viene a comer tortilla. Joan Antoni Miró empezó muy joven en la hostelería, como camarero. Y de formación culinaria del todo autodidacta, lo primero que aprendió a hacer fue una tortilla (de hecho, en los grandes restaurantes clásicos, la prueba más habitual para entrar a trabajar era hacer una tortilla a la francesa).

Les Truites abrió en 1978 como bar-restaurante, y Miró encontró una válvula de escape para su creatividad en la creación de tortillas insólitas. Sí, aquí hay todo el abanico de exuberancia cotidiana que más o menos uno se espera, como por ejemplo la de calabacín con cebolla o de setas, o de patatas con chorizo. Pero el paladar pasa por la incredulidad y la rendición cuando pruebas la tortilla de croissant con jamón ibérico. Miró, un hombre que ha sido campeón en varias competiciones y ha publicado exitosos recetarios, ha desarrollado utensilios específicos para hacer realidad las tortillas dentro de su cabeza.

Una tortilla fantástica es la de butifarra negra con tocino, patata y pimienta, un punto picante, que crea adicción. Y cada día encontrará una selección de tortillas con una quincena larga de recetas. Por cierto, por poco más de doce euros puede hacer una degustación de tres pinchos de tortilla variados, que es un señor almuerzo.

  • Bares y pubs
  • Bares de tapas
  • Gràcia
  • precio 1 de 4

Pocos lugares encontrarás como este en Barcelona: un vivero cultural que se dedica a promover cultura emergente y con una propuesta gastronómica tan cuidadosa como su programación. Este antiguo garaje es un restaurante diáfano, que dispone de un escenario por el que desfilan propuestas a menudo cruzadas con la gastronomía: ¡como una parrillada argentina con poesía y cumbia!

Por 15 euros, con cerveza, un mediodía de fin de semana cualquiera te puedes zampar un maravilloso pepito mar y montaña –¡con atún a la plancha, tocino, tapas y pimientos de Padrón!– y una ensaladilla rusa impecable, mientras la resaca se disuelve en un balsámico concierto de tango electrónico. Consultad la programación, siempre hay algo que vale la pena. O mejor aún, acércate un domingo en franja vermut a ver qué pasa.

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Granja Mabel
  • Restaurantes
  • Sant Martí
  • precio 1 de 4

Esta granja familiar se modernizó al pasar de padres a hijos dando lugar a uno de los mejores menús de mediodía de la zona de Marina. Por 13'50 euros, ofrecen cuatro primeros y cuatros segundos diarios de materia humilde pero noble, tratados con un gran saber hacer y originalidad (crema de guisantes, puerros y coulis de foie seria un ejemplo, y de segundo nunca falta un entrecot de ternera comprada en la Boquería). Un ejemplo son los macarrones al revés, rellenos de pollo y bechamel. Todo un poder fáctico en la zona.

  • Restaurantes
  • Asiática
  • Sant Antoni
  • precio 2 de 4

Hay que celebrar el éxito de un lugar como The Last Monkey. Este bareto 'esquinero' ha hecho un trabajo excelente, sin pretensiones y dedicada al barrio: tapas asiáticas y fusión mediterránea por el mismo presupuesto con que un aborigen puede ir a comer al Vilaró o a Rafel. El chef italiano Stefano Mazza –de los Alpes, territorio de contundencia y sabor– conoce muy bien Barcelona y el mestizaje con Asia.

Ha construido una carta corta y sabrosa donde el sudeste asiático se injerta de toques italianos, o al revés. De ejemplos sabrosos tiene a puñados: como un híbrido entre ensalada césar y gyoza, o el gran éxito de la casa, las berenjenas picantes estilo chino por menos de cinco euros. Por siete, el plato fuerte de la casa: las carrilleras tagaloc. Ternera, melosa, estofada al estilo filipino, con jengibre, lemongrass y comino, donde la cocina catalana encuentra el punto de frescura que a veces carece el sofrito lento.

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  • 4 de 5 estrellas
  • Restaurantes
  • La Nova Esquerra de l'Eixample
  • precio 1 de 4

La carta de tapas y platillos del Senyor Vermut no es muy diferente de la de otros magníficos lugares de tapas y platillos, pero en el local de la familia Miralles todo tiene el toque Miralles. Un gazpacho de melocotón, unas croquetitas –fantásticas las de setas–, un capipota con la casquería que preparaba mi abuela Josefina, unas bravas interesantes, no superlativas, y una brocheta moruna bien marinada con aceite y especias. Recordando El sentido de la vida, aquella película de Monty Phyton en la que un cliente explotaba, incapaz de almacenar una mínima porción más de carne, terminé la comida con un sorbete de limón.

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