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Uno de los grandes restaurantes de cocina catalana de Barcelona abre una barra de tapas selectas a precios populares

Barra Cal Pla 1965, justo delante del Mercado de la Concepción, revive un bar del barrio de toda la vida con oferta para todo el día

Mireia Font
Escrito por
Mireia Font
Editora de gastronomia
Barra Cal Pla 1965, Barcelona
Foto: Casa Amàlia | Barra Cal Pla 1965, Barcelona
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La ciudad sigue sumando restauradores que, una vez consolidados sus restaurantes de referencia, dan el salto a los mercados –o a los locales que los rodean–. El ejemplo más evidente es el de Santa Caterina, con Bar Super, de los hermanos Colombo (Xemei, Bar Brutal), justo frente al mercado y, en su interior, Parada Torres, de los hermanos Torres (Cocina Hermanos Torres, Eldelmar). Ahora le toca el turno al Mercat de la Concepció. Justo enfrente ya estaba Casa Amàlia y ahora se suma Barra Cal Pla (Ptge. de Pla, 6. Dl. a Ds. de 8 a 22 h. Dg. de 9 a 16 h.), el nuevo proyecto de sus mismos propietarios, Jordi Castán y Sergi Suaña.

Castán explica que el Cal Pla original abrió en 1965 y pasó por las manos de distintos miembros de una misma familia hasta que, hace poco, su último responsable, Raúl, decidió bajar la persiana. "Era el típico bar de toda la vida, con máquina de tabaco y tragaperras, muy ligado al mercado. Venían sobre todo paradistas, vecinos y oficinistas. Nosotros tomábamos aquí el café cada mañana". Una historia que recuerda bastante a la del desaparecido O'Pazo de Sant Antoni, reconvertido con éxito en Bar Canyí por Francesc Beltri y Nicolás de la Vega.

Barra Cal Pla 1965
Foto: Barra Cal Pla 1965Barra Cal Pla 1965

La transformación, asegura, fue más sencilla de lo que podría parecer porque aprovecharon toda la estructura de Casa Amàlia, sin duda uno de los mejores restaurantes de cocina catalana de Barcelona. "Hemos contado con Gabriel Sunyer como director gastronómico, Olga Melnikava al frente de los vinos, los mismos proveedores del mercado e incluso la misma interiorista, Chelo Alcañiz".

El nuevo nombre incorpora la palabra 'barra', y no es casualidad. Es el auténtico centro de gravedad de un local con terraza, pequeño, estrecho y muy bien resuelto, donde la barra y la vitrina acaparan todas las miradas. Como ocurría con el antiguo Cal Pla, la actividad es eminentemente diurna: aquí se puede desayunar, tomar el vermut, comer o picar algo a media tarde o al anochecer. La ausencia de salida de humos condiciona la propuesta –cerca del 80 % de la carta es fría–, pero no limita su interés: con un horno les basta para completar una oferta muy bien pensada.

Barra Cal Pla 1965
Foto: Barra Cal Pla 1965Barra Cal Pla 1965

Plato del día de guiso a 9 euros 

Las mañanas arrancan con opciones dulces como la ensaimada de Sauleda Pastissers, el 'pain au chocolat' de Le Pain d'Éric & Benjamin o una 'coqueta' con nata montada. También hay bocadillos de quesos y embutidos cuidadosamente seleccionados y desayunos de tenedor. A la hora del vermut, la oferta incluye aperitivos clásicos –chips, gildas, aceitunas o conservas–, una barra fría con ostras, tartar de atún o croquetas de pollo ecológico, y una selección de platos calientes como el lingote de patata brava, los macarrones del cardenal o la flor de alcachofa confitada. Al mediodía, la apuesta pasa por los guisos tradicionales: cada día preparan uno de diferente, a 9 euros, capipota, carrillera o sardinas en escabeche, por ejemplo.

Barra Cal Pla 1965
Foto: Barra Cal Pla 1965Barra Cal Pla 1965

Apenas llevan abiertos desde el pasado mes de junio, pero ya hay platos que apuntan a convertirse en imprescindibles. El primero es la ensaladilla rusa con gamba roja. "Con las cabezas y las cáscaras elaboramos un aceite de dos texturas espectacular. Es la mejor de la ciudad", asegura Castán. El otro es la tostada de 'fricandó': "La preparamos con el guiso del día y un pan especial. Es brutal". También promete mucho el torrezno, cocinado a baja temperatura en lugar de frito, y una versión en formato mini del canelón de la 'iaia' Pepi, uno de los grandes clásicos de Casa Amàlia.

De pequeño, mi padre me dejaba las llaves en el bar de casa. Quiero que aquí sea parecido

Para beber, el vermut llega desde Reus, la carta de vinos apuesta mayoritariamente por referencias del país. Los postres también mantienen el vínculo con Casa Amàlia gracias a la misma tarta de queso, a la que se suma un original pan con aceite y chocolate que, en realidad, es una ganache de chocolate casi negro elaborada con aceite Verus y panko. "Es como un pequeño volcán. Hay que probarlo", dice Castán.

Barra Cal Pla 1965, Barcelona
Foto: Casa AmàliaBarra Cal Pla 1965, Barcelona

Más allá de la propuesta gastronómica, Barra Cal Pla 1965 nace con la voluntad de reforzar su vínculo con el barrio. "Queríamos integrarnos todavía más en la vida de esta zona, en su eje comercial y en la economía circular que estamos construyendo. Recuerdo que cuando era pequeño, mi padre me dejaba las llaves de casa en el bar de abajo. Me gustaría que aquí acabara pasando algo parecido". Si lo consiguen, habrán recuperado mucho más que un bar histórico.

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