'Permagel'
Foto: Sílvia Poch | 'Permagel'
Foto: Sílvia Poch

Las obras de teatro recomendadas de la cartelera de Barcelona

Seleccionamos las mejores representaciones de teatro, danza y comedia que hay actualmente en la cartelera de Barcelona

Andreu Gomila
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Desde espectáculos más pequeños a grandes producciones, de monólogos a musicales alucinantes... La cartelera de teatro de Barcelona es potente y ofrece shows para todo tipo de público. Si te preguntas cuáles son las mejores obras que se pueden ver en nuestros escenarios, hemos hecho una selección de las piezas que no hay que perderse de ninguna de las maneras. Tampoco te pierdas los mejores musicales y las mejores obras de teatro infantil en Barcelona.

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Las mejores obras de la cartelera de Barcelona

  • El Gòtic
  • 3 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Quién diría que un espectáculo que empieza por el final tendría un inicio tan animado. Los hermanos Llorenç i Robert González comienzan el montaje con un número musical muy cabaretero donde hacen de músicos, de cantantes y de bailarines de claqué. En casa, de pequeños, debieron de armar mucho jaleo, porque se requiere mucha práctica para hacerlo todo bien a la vez.

Marc Artigau ha escrito y dirigido para los hermanos González un texto que reflexiona con alegría sobre una de las relaciones humanas más tiernas y complejas que existen: la fraternal. Y lo hace a través de escenas independientes que forman un recorrido extenso desde la infancia, con una litera con sábanas de las tortugas ninja y pósters culers, hasta la vejez, con los actores caracterizados con rebequitas y boinas de lana. Todo ello haciendo alusiones a hermanos que forman parte del imaginario popular: Hansel y Gretel, los Jackson Five, los Kennedy, Raúl y Fidel Castro o los hermanos Lumière, pero también incorporando un cuento de Quim Monzó y un poema musical de Verdaguer. Un popurrí de referencias.

  • El Raval
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

El patio de butacas se convierte en una aula magna de universidad y, al ritmo frenético de un partido de frontón, los espectadores van cambiando de facultad: de la de ciencias a la de letras. Mientras el profesor de física cuàntica, Pere (Joan Carreras), nos revela que 'L’últim àtom' no existe, la de lingüística, Sara (Mia Esteve), intenta explicarnos cómo determinar un mundo indeterminado. Dos caras de una misma moneda, que harà de hilo conductor durante toda la función: la incapacidad para definir la realidad.

Los dos docentes son una pareja separada que tienen en común una hija desaparecida desde hace muchos años. Tantos, que el sistema està a punto de darla por muerta. En este juego de duda constante entre si lo que vemos es real o no, completan el reparto haciendo múltiples personajes Carles Pedragosa, Carme Milán y el regidor Ruben Ametllé. Todos ellos espléndidos, con el añadido de que este último, aparte de hacer el trabajo de regiduría (quedan al descubierto los “top” que indican cuándo tiene que entrar una luz, un sonido, un cambio de escena), también tiene que decir el texto de la actriz Lara Segur, a la que por lo que parece le sentó mal la cena, y también un par de letras del nombre y el apellido. Nos encanta la faceta más traviesa de Jordi Oriol.

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  • El Poble-sec
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Tíene razón el Corifeo de este 'Contra Antígona' cuando dice que el coro de las tragedias griegas ha sido descuidado por el teatro contemporáneo, una manera de expulsar al público, de separar escena y platea, de levantar un muro que, en la época clásica, se atravesaba gracias, precisamente, al coro, integrado por doce o quince espectadores que se introducían en la acción. Andrea Jiménez ha decidido devolver a Sófocles lo que es suyo y, guiada por el mismo espíritu travieso que demostró en 'Casting Lear', recluta a catorce personas del público para que participen en la versión de 'Antígona' que ella misma y Victoria Szpunberg han escrito. Los guía el Corifeo (Olga Onrubia), el decimoquinto espectador, y una facilitadora (Mònica Molins) que les va dando instrucciones a medida que la acción avanza.

Es muy interesante ver las reacciones del coro, por ejemplo, en la famosa disputa entre Creonte (Xavi Sáez) y Antígona (Júlia Truyol), cuando el nuevo rey de Tebas riñe a la hija de Edipo por haber querido enterrar a su hermano Polinices en contra de lo que él ha mandado. Una atronadora mayoría del coro apoya a Antígona, quien ha violado la ley y, al fin y al cabo, quiere rendir honores a un hombre que ha intentado destruir su ciudad. O cuando Creonte se acerca a su mujer Eurídice (Arantza López Medina), última víctima mortal de la tragedia, rodeada por muchos integrantes de este coro totalmente afligidos.

  • L'Antiga Esquerra de l'Eixample
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Es difícil salir del teatro cambiado, con un estado de ánimo diferente con el que has entrado, y poder decir, además, que te has divertido como hacía tiempo que no te pasaba. Que has visto tres intérpretes excelentes que se lo pasan pipa haciendo la función y que saben cómo transmitirlo al público. Que has descubierto una directora (Andrea Jiménez) que ha encajado con tres tarambanas y los ha hecho volar muy alto. Que has disfrutado de un texto irreverente (de Victoria Szpunberg), que sabe jugársela y que hace dianas todo el rato. Y que mañana, si pudieras, no dudarías en volver.

'Mal de coraçon' parece la típica obra de bar, con un hombre a quien acaba de abandonar el amor de su vida (Pau Vinyals), un filósofo borracho (Pol López) y una camarera-cuidadora que quiere ser actriz (Júlia Barceló). Nada nuevo bajo el sol. Dos payasos y un augusto. Pero la introducción de la figura de Santa Teresa, y su obra, lo trastoca todo, hace que la pieza entre en un camino que no sabes por donde saldrá, a veces luminoso, a veces oscuro y tortuoso. Se convierte en un interrogante a resolver, un motor alterno que alimenta la escena. ¡Y cómo superan todos el reto! Porque el camino acaba en una fiesta.

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  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

No era fácil llevar Permagel a escena con una forma que fuese teatral. Victoria Szpunberg y Albert Pijuan podrían haber tirado por el camino más corto y hacer como la autora, Eva Baltasar, y empezar por el preludio del final y seguir la prosa hasta el capítulo de cierre. Pero afortunadamente se han complicado la vida y han deshecho la novela para rehacerla, para darle la vuelta, con añadidos de presentación de los personajes y una línea temporal clara. Para, en definitiva, transformar un artefacto literario en un artefacto teatral.

Maria Rodríguez Soto asume el reto de encarnar a esta mujer a punto de cumplir los 40, lesbiana, solitaria, con instintos suicidas, tía, hermana e hija. Tampoco es nada sencillo meterse en esta piel, dentro de este mundo, y salir victoriosa. ¿Cómo se interpreta a alguien que quiere matarse, que no soporta a la familia, que no encaja, pero que adora a la sobrina? ¿Cómo se mantiene la mirada, la respiración, cuando te pintas una raya en el brazo por donde querrías que pasara la cuchilla de afeitar? ¿Cuando escarneces a madre y hermana?

  • Dreta de l'Eixample
  • 5 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Lorca, el hombre, es una metáfora triste de lo que es España. Nacido en 1898 y asesinado en 1936, entre la gran derrota colonial y la guerra más cruel. El autor es, seguramente, el mejor y más influyente del siglo XX al sur de los Pirineos y es el único de su estirpe en Europa, la de los genios, de la que debemos estar orgulloso, cuyos huesos permanecen todavía enterrados en una cuneta. Acercarse a su figura, a lo que fue, siempre es problemático. Y Juan Diego Botto lo sabía.

Pero después de ver 'Una noche sin luna' podemos afirmar que nunca nadie, al menos en lo que llevamos de siglo XXI, se había aproximado al Lorca hombre con el tacto, la soltura, el conocimiento y el saber estar del actor. Porque esta obra es una lección de interpretación bestial, de cómo un ser humano se transforma en otro y nos deja boquiabiertos desde el minuto 1 al minuto 105, a esa hora y tres cuartos en que Botto camina hacia Lorca y Lorca pasa a la piel de Botto y de cada uno de los espectadores.

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