Comida típica de San Isidro

Rosquillas ‘listas’ y ‘tontas’, bocatas de calamares, cocido… la gastronomía típica madrileña brilla más que nunca en estos días festivos

El 15 de mayo debe ser el día que más tortillas de patatas se cocinan en Madrid de todo el año. Es tradición comerlas sentados sobre el césped de la Pradera de San Isidro y contemplar cómo presumen los chulapos y chulapas de la zona Además, tanto por esa zona como en los Jardines de las Vistillas se instalan numerosos puestos ambulantes de comida.

Las rosquillas también son típicas de estas fiestas, ya sean listas (recubiertas de azúcar), tontas (sin azúcar ni ningún recubrimiento), de Santa Clara o francesas. También es la época perfecta para probar el cocido y la cocina tradicional de la ciudad ya que algunos restaurantes elaboran menús especiales. ¡Y no te olvides de comer un buen bocata de calamares!

 

Bocatas de calamares

Bar Postas

Una de las freidurías más castizas de Madrid, el Bar Postas es famoso por sus bocatas de calamares y sus tapas de chopitos y de pescado adobado. Situado junto a la Plaza Mayor, es el lugar perfecto para hacer un descanso mientras se visita la ciudad. No es un local muy espacioso, cuenta con pocas sillas y mesas, lo mejor es tapear directamente en la barra, desde donde puedes ver cómo fríen los pedidos.

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Sol

John Barrita

4 de 5 estrellas

Son muchas las direcciones, estén o no en los aledaños de la plaza Mayor, donde uno puede comerse unos calamares entre pan y pan. Pero son contados los que cuidan el producto, la fritura y el continente. En John Barrita no solo prestan atención a todo eso sino que lo convierten en un mordisco tan sabroso como seductor a la vista. Para su segunda marca, tras el éxito inagotable de La Tasquería, Javi Estévez se alió con La Panotheca  para elevar la categoría de este clasicazo tabernario a nuevas cotas de refinamiento.

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Chamberí
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El Brillante

El bar más famoso para comer un bocata de calamares de Madrid. Esta cervecería, que se mantiene prácticamente intacta desde su apertura en el año 1961, es un punto turístico ineludible, por sus famosos bocadillos y por su situación, justo enfrente de la Estación de Atocha. También tienen pinchos de tortillas bastante buenos y tostas. Su terraza siempre está llena en verano.

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Barrio de las Letras

Las mejores rosquillas

La Duquesita

Recomendado

Con San Isidro también llegan los dulces. Y pocos sitios mejores para comer (y llevarse a casa) las rosquillas representativas de estas fiestas, las tontas y listas, que en esta centenaria confitería. Desde hace año y medio lleva el sello de Oriol Balaguer, sinónimo de excelencia, creatividad y un mostrador repleto de tentaciones. Para la ocasión el maestro pastelero aplica toda su exigencia y la mejor materia prima a la receta tradicional.

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Chueca

Pastelería Nunos

La tradición, no exenta de lecturas personales, cobra especial protagonismo en casa del maestro pastelero José Fernández-Ramos. Se sirve de anís de Chinchón y aceite virgen de Belmonte del Tajo (Madrid) para preparar sus rosquillas tontas y listas, los dulces más pretendidos este mes.

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Ibiza
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Casa Mira

Fundada en 1855, esta pastelería es un clásico. Nació como una casa de turrones, pero hoy en día elabora todo tipo de postres, siempre de forma artesanal. La tienda en sí es ya una maravilla, con su fachada antigua intacta, las paredes recubiertas de caoba y espejos y el escaparate lleno de apetecibles dulces. Un local de lo más castizo. No te vayas sin probar sus rosquillas de San Isidro.

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Restaurantes castizos

Malacatín

Una de las tabernas castizas con más historia y tradición de Madrid. Fue fundada en 1895, en plano barrio de La Latina, y aunque comenzó como una tienda de vinos al que más tarde sumaron una pequeña cocina y freidurías. Desde entonces, el mando del restaurante ha pasado de generación en generación, especializándose en la cocina castiza y tradicional y haciendo de un plato madrileño su icono: el cocido, suculento, sabroso y con ingrediente de primera que cuentan con denominación de origen.

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La Latina

Lhardy

3 de 5 estrellas

Este emblemático restaurante que abrió en 1839 tiene el crédito de haber introducido la alta cocina francesa en Madrid. Su fundador Emile Lhardy se dice fue persuadido por el mismísimo Prosper Mérimée, autor de Carmen, que le dijo que no había ni un restaurante decente en Madrid. Hoy en día está reconocido tanto por su historia y su decoración belle-époque así como por su (cara) comida. El menú es tan afrancesado como siempre pero tiene un muy refinado cocido, buena caza y callos, junto con una excelente (aunque también cara) lista de vinos.

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Sol
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Los Galayos

4 de 5 estrellas

Puedes pensar que estando al borde de la Plaza mayor es otro de esos locales cazaturistas. Pero no. Sí es un local familiar y para grandes mesas y eso genera un trasiego quizás perturbador los fines de semana pero aquí hay mucha honestidad, diligencia y un esmerado saber hacer que merece elogio. Cocina basada en la tradición castellana donde el cochinillo se presenta como uno de sus platos estrella de la casa. Si no quieres aventurarte de primeras en sus salones, prueba cualquiera de sus raciones en la barra. La ensaladilla rusa no falla. 

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Centro
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