El Campero
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Terrazas bonitas y muy verdes en Madrid para refugiarse en verano

Patios, jardines semiescondidos, mesas a pie de parque para descubrir y tomar algo con amigos o comer con toda la familia

Gorka Elorrieta
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A los madrileños nos encantan las terrazas. Las hemos buscado a pie de calle, pero si quieres subir a una azotea también hemos seleccionado las que tienen las mejores vistas. Ya puede estar diluviando o nevando que, si nos preguntan, siempre preferiremos sentarnos al aire libre a tomarnos unas cañas. Pero mejor si hace buen tiempo, y mejor si hay agua que refresque el ambiente cerca de las mesas. Entre bares y restaurantes, hemos elegido las que nos parecen las más bonitas de Madrid, ya sea por su decoración, por los lugares en los que se encuentran o por las vistas que ofrecen. Algunas son imprescindibles en todos los listados de terrazas de Madrid, otras son mucho menos conocidas e, incluso, alguna acaba de (re)abrir sus puertas.

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Un paseo por las terrazas de las que no querrás levantarte

El nuevo local del Grupo La Fábrica, con los jovencísimos Paco y Gonzalo Talavera al frente (segundo generación de este sello familiar con 30 años de trayectoria y 15 restaurantes en la capital), mantiene ese atractivo interiorismo que protagoniza sus espacios pero la carta va un paso más allá. Su propuesta crece en interés culinario. Canelones de txangurro (el "bestseller" de la casa por ahora), puerro a la brasa con mojama de atún, lubina de estero a la sal, chuleta de vaca madurada a la parrilla o un arroz de lagarto ibérico y boletus terminado al horno de carbón (para dos personas). Vamos, una carta que "compra" todo el mundo y encaja para todos los momentos ya sea una comida de empresa (porque hay miles de oficinas por la zona), una cena con amigas y el resto de planes que hay en medio. 

  • Madrid

Uno de los restaurantes que más elogios ha cosechado en Barcelona entre clientes y profesionales del sector, recaló hace ya un tiempo en el elegante hotel Santo Mauro, no para ponerlo patas arriba, pero sí sin perder la esencia más desenfadada y carismática con la que el extraordinario trabajo de Rafa Peña se ha convertido en un 'must' culinario en la Ciudad Condal. De hecho, se trae al emblemático palacete de Chamberí algunas de sus señas de identidad, como su legendario bikini (pan de miga de masa madre, panceta curada, queso Comté y finas lonchas de lomo y todo marcado a la plancha) o su querencia por los vinos naturales y orgánicos. Peña cambia de escenario, pero no de registro y ese juego entre sus platos y la cubertería clásica de plata nos resulta de lo más interesante y prometedor. 

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  • Argüelles
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

La ciudad da para tanto que hay una (en realidad, más) que está ahí y apenas nos damos cuenta. A un paso de Gran Vía, el de Pintor Rosales es un paseo que dejamos a flâneurs de retirada y a ociosos veteranos. Puede que llamar a esta zona el Upper West Side de Madrid sea una boutade. Pero sí, el frontal de casoplones frente a la puesta de sol despejada, con un tajo verde en medio, es demasiado. Así que ya era hora que pudiéramos tomar algo aquí como nos merecemos. Es el Grupo Trafalgar el que lo ha hecho posible al conseguir dos de los populares kioskos en donde como mucho nos bebíamos (nosotros, o antes nuestros padres) una caña con unas patatas fritas. Moret es uno de ellos, un kiosko de estilo neoherreriano, esto es: líneas sobrias, formas cuadriculadas y techos de pizarra.

4. El Campero

Hay que reconocer que el desembarco del restaurante más popular de Barbate fue con todo. Azotea Grupo quiso instalar la embajada madrileña de El Campero en un palacete decimonónico de María de Molina, entrada por Lagasca. Pero el recinto de 900 metros cuadrados incluye una generosa zona ajardinada con delicadeza que hace de la llegada al restaurante un momento más prometedor si cabe. Y la velada lo corrobora porque la terraza no es un mero espacio de contemplación sino que se suceden distintos lugares practicables: en mesas altas bajo la pérgola o en mesas bajas con butacas y sofás bajo las sombrillas. Una oportunidad con encanto veraniego para disfrutar de la fastuosa carta modelada desde el origen en la casa madre y con el atún como rey absoluto del mar. Aunque el que nosotros dejemos atrás sea un mar de asfalto.  

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5. Arpillera Bomarea

Si Azotea Grupo se fijó en estas coordenadas para montar una terraza doble será por algo. Hay que enfilar el parque forestal de Valdebernardo, ya en Vicálvaro, para dar con esta zona verde, una de las muchas que se suceden al este de Madrid. Bomarea toma una entrada junto a un campo de fútbol, pero es la de Arpillera la que se monta a diario en la orilla de un estanque bien grande. Es, por tanto, un kiosko más que socorrido para no complicarse y, sobre todo, dejar atrás cualquier agobio de tráfico y muchedumbre. Las mesas ocupan parte de una gran explanada diáfana, por lo que es preferible esperar a que el sol no caiga a plomo. Se pica sencillo, de gildas y croquetas, huevos rotos y ensaladilla, hamburguesas y perritos. Sirve igual si no se pasa de unas cañas y unas patatas fritas con amigos. Los niños pueden apuntarse en legión; será por espacio y atracciones, desde un laberinto a una pista de patinaje. En la terraza no faltan ni los patos.  

6. La Hípica

El nuevo restaurante que abrió el centro ecuestre Hípica El Molino sabe adaptarse a los cambios de estación en el Monte de El Pardo. Cuando llega el buen tiempo, las dos terrazas cobran vida para disfrutar de un plan que en invierno se caldea desde la chimenea. Es dejar de estar nevada la sierra de Guadarrama y garantizarse vistas más despejadas al atardecer. También a los caballos, parte del aliciente del lugar al que se llega por la M-612, dejando Filandón atrás. Como este, se comprende La Hípica en modo carne y brasa. Esto es, cortes madurados y hechos al fuego, como el chuletón, el tomahawk, el T-bone o el rib eye. También algo de pescado y verduras de temporada. La leña de encina perfuma el exterior, mientras los viernes y sábados suena música en directo en cuanto cae la tarde. Un plan solvente, repare o no el personal en el mundo equino.   

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7. El Bardo

La que pasa por ser la terraza más agradable de Moratalaz merece su hueco. Este bar que hace esquina en la calle Doctor García Tapia, frente al parque de la Cuña Verde, tiene la inmensa ventaja de aprovechar un bonito parterre a la sombra de una arboleda de plátanos. Entre cipreses y adelfas, por aquí se puede entrar además al parque Martalá-Dionisio Ridruejo, también conocido como parque Z. El Bardo no es una terraza destino, pero alivia muchas tardes-noches con un surtido de picoteo muy completo: ensaladilla de ventresca, tartar de salmón y aguacate, un pincho de tortilla rico, y tostas XL como la de lomo de orza con pimientos. En fines de semana, los aperitivos se abren con gildas y vermut. Esto no va de ver y ser vistos, sino de una terraza de barrio de las que ya no quedan.   

  • Comer

Llevan casi una década conquistando comensales en el norte de Madrid con un gran comedor acristalado y una terraza a la sombra de grandes árboles que enamora a sus vecinos de La Moraleja, pero también a quien busca escapar del asfalto de la capital. Es sentarse en una de sus mesas y bajar las pulsaciones. Reina el ambiente relajado en todos los espacios, tanto interiores como al aire libre, de Cabaña Marconi. Y eso ya es excusa suficiente para acercarse a este oasis entre encinas centenarias, cocina internacional y mucho cóctel al atardecer (de hecho, en 2021 se convirtió en uno de los 25 restaurantes con terraza más reservados según la plataforma The Fork).

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9. Maeztu

Un asador informal y modernizado alejado de las aglomeraciones céntricas, entre el Pardo y la continuación de Montecarmelo con Mirasierra. Porque la gente bien de Arroyofresno también tiene derecho a su buena chuleta de vaca vieja y a su copita decente. Por estos cinco kilómetros de parque lineal en donde se instala el kiosko, ganado en concurso por los del Grupo Trafalgar (también Mamá Campo) junto a Mesa Cero Chefs, puede caer la gota gorda. Así que la terraza descapotada mejor para las cenas y la acristalada para los mediodías abrasadores. No hay dolor gracias al aire acondicionado que salva un tomate sin piel bien aliñado o una bandeja de pastrami de wagyu, su Joselito, en forma de brisket ahumado durante doce horas. La fórmula es la misma que tan bien les funciona en sus otros locales: raciones fáciles de compartir (las carnes además llegan trinchadas y los pescados desespinados), igual que los vinos elegidos facilitan la bebilidad sin que nada se parezca a los asadores tradicionales. Alma de bar y comodidad para el correteo infantil.  

De las terrazas bonitas que nos gustan en Madrid ya os hemos dado una selección. También de azoteas y de patios escondidos... Todo son buenos rincones para disfrutar la temporada estival en la ciudad. Pero acabamos de descubrir una novedad en un conocido parque en el distrito de Chamartín. Un 2x1 porque tienen un amplio espacio interior acristalado (perfecto para otoño/invierno) pero también muchas muchas mesas repartidas junto a los árboles. El Parque de Berlín, al que ya se asoman las terrazas de otros restaurantes y siempre están animadas, acaba de recibir un nuevo inquilino. Uno donde se llevan las cañas, el tapeo más castizo y el aroma de las brasas.

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