Esto es un fenómeno que supera el ámbito gastronómico. Este restaurante popular no ha salido de la propiedad de la familia Solé desde el año 1944, cuando abrió. No hay reservas que valgan: la gente, locales y turistas, hacen cola y empujan a partir de las doce para cruzar sus puertas de madera y conseguir sitio. En origen, era una taberna de pescadores donde la gente acudía a beber, y hacia los años 50, con la moda, empezaron a servir tapas calientes. Aquí se inventó la bomba de la Barceloneta.
De este lugar nos encantan los garbanzos con calamares, el capipota, las sardinas, los buñuelos de bacalao... Aquí compartís mesa con desconocidos y hay buen ambiente, como en las mejores tabernas. Vinos a granel y quintos en botella y ¡a disfrutar!
Dónde: Baluard, 56






















