“En la base de mis recetas encuentras muchos sabores de allí: Se puede percibir en la utilización del comino y otras especias, como el ají molido. También en la visión argentina que tenemos sobre las carnes a las brasas, en los toques ahumados... Y todo eso lo combinamos con lo que he ido descubriendo y encontrando por el mundo. A mí me gusta hablar de una cocina multicultural con gran presencia argentina”. Es lo que nos cuenta el dicharachero Franco cuando le preguntamos por una propuesta que se desmarca totalmente de lo que ofrecen la mayoría de las nuevas aperturas capitalinas, empeñadas en replicar lo que a otros les está funcionando.
Carne roja bien madurada y las brasas en plena combustión... A los más carnívoros solo pensarlo se les hace la boca agua. La calidad de la materia prima, el conocimiento de cada pieza y la experiencia del parrillero, la balanza se equilibra entre vascos y argentinos, son los pilares sobre los que se sustentan estos restaurantes, tanto los más clásicos de la capital, alguno sigue al pie del cañón después de varias décadas (por algo será), como las últimas aperturas en un territorio que dominan vascos y argentinos fundamentalmente. No serán locales de moda pero, tarde o temprano, a uno le apetece un bocado que te conecta con lo ancestral pero que se cuida en todo el proceso.
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