Un (relativo) secreto gastronómico bueno y agradecido, escondidito allí donde estiras el brazo y ya tocas Collserola. Este negocio familiar, con casi medio siglo de historia, ha pasado de casa de comidas a restaurante de alta cocina tradicional. Los hermanos Gerpe mantienen viva la cocina de su madre y de su abuela Juanita, pero ahora desde un local reformado que también abre, con un ambiente más íntimo y sofisticado (el rediseño ha corrido a cargo del arquitecto Pere Cortacans, el mismo del Shunka). Producto y cocciones de alta cocina: tienen la mano rota con los arroces y los guisos, y es una zona libre de esnobismos; su filete con foie-gras no tiene nada que envidiar al del lugar más pretencioso. El servicio es como vosotros, buena gente, sin sumilleres arrogantes que os humillen por elegir el segundo vino más barato de la carta.
Dónde: Federico García Lorca, 31 (Nou Barris)





















