Los bocadillos más originales de Barcelona

Seis bocadillos de la ciudad que debes conocer. ¡Buen provecho!

©IvanGiménez Entrepanes Díaz

Son buenos tiempos para el bocadillo por diversos motivos. Ya empezamos a tener de todo: además de la omnipresente –y un poco cansina– hamburguesa, tenemos sitios especializados en 'hot dog' catalán, rustido de cerdo 'made in USA', o recetas de guisos de la abuela entre rebanada y rebanada. El buen bocadillo está descentralizado, lo encontramos por toda la ciudad. Echadle un vistazo a esta pequeña lista: seis bocadillos de Barcelona que debéis conocer –¡y morder!– sí o sí.

Chivuo's

Pronunciad Chivúos, con acento en la 'u'. Este bar, todo de madera y acogedor, es el invento de dos cocineros barbudos y venezolanos, con experiencia en Estados Unidos y en la alta cocina catalana. El concepto es sencillo, pero llevado a cabo con talento y personalidad: cinco bocadillos de recetas norteamericanas que van más allá de la hamburguesa, y cinco tiradores de cerveza artesana local. Un ejemplo: el portentoso bocadillo de 'Pulled pork', cerdo asado y especiado durante doce horas, con salsa barbacoa y cebolla confitada. Su cheesecake, servido en un tarro de mermelada, vale una cata y dos. Lo hacen bien: hay que apartar la clientela yanqui para sentarse.

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Vila de Gràcia

Yango

Carles Abellan tiene, en los porches de la Boqueria, la versión en local de su food truck, Yango Urban Food. Aquí se come la evolución del hot dog catalán que nació en un chiringuito de playa. Són, explica Abellan, "bocadillos de butifarra, hechos con el horno Josper, que viajan por el mundo". Butifarra ecológica cien por cierto y producto de calidad que se concreta en yangos como el Perú, con cebolla roja, lima, cilantro, aji y huancaína, o el México, con pico de gallo, cilantro, lima y jalapeños.
Los yangos son buenísimos –el Perú permanecerá un tiempo en vuestra memoria gustativa– y son mucho más económicos que los del chiringuito de Abellán: todos, menos el catalán –que lleva trufa y setas de temporada–, cuesta entre 4,80 y 5,50 euros. Diseño al servicio de la butifarra: el grafismo de Inoquo, que rememora los carteles de bocadillos de cutre-bares, es antológico.

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El Raval
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Entrepanes Díaz

La visión del bocadillo del Kim Díaz, factótum del Bar Mutis y Bar Mut, se ha concretado en una elegante barra de bar vintage -homentage los bares madrileños de los 50- y una carta de unos diez de bocadillos de cocina de carne y pescado sorprendentes, pura tradición entre panes: 'bocata' de kokotxas al pil-pil, bocadillo de calamares en su tinta o uno de morcilla de Jaén excelente. Tienen tapas de fritura estilo gaditano muy bien hechas, cañas bien tiradas y una política de contratar sólo camareros mayores de 50 años.

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Dreta de l'Eixample

Pockets. Guisos & Cia

El Pockets utiliza el adjetivo tradicional incluso en la vajilla, ¡que es Duralex! Recuperan guisos de toda la vida –por ahora españoles y catalanes, pero no se cierran puertas– en un formato actualizado. Bocadillos deliciosos a un precio terrenal. Al frente están Nacho Bueno y Marcos González –generación Hoffman– y una red de socios variados y bien relacionados. Uno de ellos es Josep Baltà, 'Llesca d’Or 2016' y proveedor de los panes premium que sirven. Tienen aperitivos clásicos pero con un plus –las patatas se pelan y cortan a mano cada día y la salsa de las patatas bravas es 100% casera– y cinco 'pockets' con rellenos de temporada. Escoged el pan –clásico, tierno, de cristal, con espinacas o sin gluten– y los guisos: escalivada con queso de cabra, pollo con verduras, estofado de ternera ibérica con vino tinto del Penedés, costillar de cerdo con salsa barbacoa catalana (con ratafía y ñora), el de calamares encebollados y también albóndigas con sepia. “El universo que se puede poner dentro del pan es inmenso”. ¡Marcos nos quiere ver volver!

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Rodriguez & Co

Detrás del simpático nombre de Rodriguez & Co se esconde una oferta de comida rápida y de calidad muy seria: aquí la idea es que si solo tienes veinte minutos para comer te metas un chute de un zumo, hecho de cuatro o cinco vegetales, y un bocadillo. Disponen de 16 variedades de zumos, cada uno con una funcionalidad concreta, de smoothies –fruta batida– y de una carta de bocadillos confeccionada por cocineros con experiencia contrastada: Ana López y Gonzalo Galvete tienen años de cocina a las órdenes de Arzak, y se han inventado cosas tan sanas, sabrosas y divertidas como el Ándele, una focaccia tostada con tomate seco, aguacate, brie y cilantro.

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Esquerra de l’Eixample

Croc Cafe

Cuando conoces a Natalie Jewell enseguida te das cuenta de que controla el medio. Curtida en cocinas y aulas –fue profesora del CETT y toda su plantilla ha salido de ese centro–, ha abierto el Croc Cafe, inspirado en el 'croque-monsieur' francés –un biquini pero con bechamel y queso gratinado– que tuvo que reformular para gustar al comensal barcelonés. “El público pedía otras cosas, y también vimos que la cocina podía dar mucho más”. Los “gastrosándwiches” compiten con un buen menú de mediodía y con unos platos de temporada que impresionan, también con muchas opciones vegetarianas. “Quiero alimentar, no solo dar de comer”, nos dice, y lo argumenta: “Los mini churros no se fríen, se hacen al horno, y el aceite de shiso verde de la burrata ayuda a digerir los lácteos”. ¡Escucharla es aprender! Tienen cinco variedades de crocs con panes de Daniel Jordà (también para celíacos) con rellenos tradicionales, pero también con una hamburguesa de buey, el de rosbif –¡buenísimo–, butifarra 'esparracada' o uno vegetariano con seitán y compota de manzana.

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