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101 cosas para hacer en Madrid: Monumentos, parques y lugares emblemáticos

Monumentos imprescindibles, lugares que no te puedes perder y rincones que por ser típicos no dejan de ser interesantes

Quizá a todos nos suene el Retiro o el Círculo de Bellas Artes, son lugares que aparecen en todas las guías de viajes y recomendaciones turísticas para visitar Madrid. Sin embargo, a pesar de ser monumentos, parques, calles y edificios conocidos, seguro que nunca los habíais visto desde esta perspectiva. Así que si sois madrileños, atreveos a descubrir de verdad vuestra ciudad, y si venís de visita, esta lista os vendrá fenomenal.

Dejarte llevar en la Calle Pez

Podrías pasarte media vida allí y seguramente seguirías sorprendiéndote. Bares castizos, apetitosos restaurantes, coquetas coctelerías, teatros, librerías y varias tiendas vintage componen la oferta de la Calle del Pez. Si empiezas, por ejemplo, por el extremo en el que descansa Julia, la estudiante (estatua) más famosa de Malasaña, te encontrarás en seguida con la librería 27 Cervantes y Compañía y, poco después, con una de las coctelerías más bonitas de Madrid, el 1862 Dry Bar. Si buscasmalgo menos refinado aunque bien auténtico, tendrás a mano el inconfundible bar Palentino, muy cerca del Teatro Alfil, y el bar Ponte Pez, pequeño y de decoración modesta pero con un 'pollo con krispis' que recordarás para el resto de tus días. Si lo que prefieres es evadirte y viajar a lugares lejanos, en el restaurante Gumbo te sentirás trasportado directamente a Nueva Orleans mientras creerás estar recorriendo el mundo sentado en una de las mesas de The Passenger.

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Malasaña

Tumbarte sobre el césped de El Retiro

Las instrucciones son sencillas. Coge una toalla, esterilla o similar y adéntrate en las 'profundidades' del Parque de El Retiro. En el transcurso de sus 118 hectáreas de paseos, jardines y césped, no sigas una ruta ni tomes un rumbo concreto, sólo déjate llevar con una única premisa: encontrar la sombra del árbol que más te guste. Una vez allí, el siguiente paso será extender la esterilla bajo sus ramas y recostarte. Acompañado de música o de un buen libro, o bien sin nada más que el sonido del silencio, comprenderás, observando las copas de los árboles, la grandeza de este parque y por qué, simplemente Madrid no sería la misma ciudad sin él. No obstante, si después del reposo sientes ganas de moverte un poco, puedes acercarte hasta la Rosaleda, el Palacio de Cristal o la Glorieta del Ángel Caído.

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Pasear entre las 5.500 especies vivas del Real Jardín Botánico

Si sufres alergia y es primavera es mejor que retrases la visita pero, si no es así, no tienes excusa para no acercarte a contemplar al espectáculo que ofrece el Real Jardín Botánico de Madrid. Catalogado como Jardín Artístico, este vergel, vecino del Museo del Prado, contiene nada más y nada menos que 5.500 especies vivas, una cifra cercana a la de la Península Ibérica, una de las zonas con más diversidad florística de Europa, con unas 7.000 especies. Además de los centenares de flores, arbustos y árboles sorprendentes, en este espacio, ubicado junto al Paseo del Prado desde que en 1774 Carlos III ordenó su traslado, encontrarás colecciones singulares como los famosos bonsáis que Felipe González donó en 1996 o el itinerario de plantas de 'El Quijote'.

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Centro
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Gozar de una de las mejores panorámicas de Madrid

Para contemplar una de las mejores panorámicas de la ciudad no es imprescindible pagar una entrada prohibitiva ni subirte a un moderno skyline. El cerro del Tío Pío, más conocido como el Parque de las Siete Tetas, situado en el barrio de Vallecas, ofrece una de las vistas más espectaculares de la capital. Desde sus siete colinas, obtendrás una postal perfecta de la ciudad, en la que reconocerás algunos de los puntos más emblemáticos: las cúpulas de la Iglesia de San Francisco el Grande y la Catedral de la Almudena, la Plaza Mayor, el Edificio Telefónica, las Torres Kio, el Pirulí o las Cuatro Torres.

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Puente de Vallecas

Buscar la huella de los genios de las letras castellanas en el Barrio de las Letras

Algunos de los grandes artífices de la historia de la literatura universal nacieron y/o vivieron en este entramado de calles estrechas. El Barrio de las Letras, hoy también conocido como el Barrio de las Musas, es, más allá del trasiego actual de turistas y de la nube de repartidores de flyers y chupitos gratis, un trozo de historia en sí mismo. El escenario de un esplendor sin precedentes que podrás rememorar visitando las antiguas residencias del genio Cervantes, del llamado 'Fenix de los Ingenios' (Lope de Vega) o de esa lengua única y viperina que fue Francisco de Quevedo. Un lugar, este último, situado frente al Convento de las Trinitarias —en cuya cripta fueron hallados hace unos meses los restos de Cervantes— que, cosas de la vida, fue el hogar que su archienemigo, Luis de Góngora, compró cuando se estableció en Madrid.

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Barrio de las Letras

Observar la Cibeles desde la azotea del Círculo de Bellas Artes

No son pocos los que dicen que la azotea del Círculo de Bellas Artes, centro neurálgico de la cultura madrileña, ofrece una de las vistas más espectaculares de la ciudad. Desde estas imponentes alturas, creerás estar tocando la Gran Vía, la Calle Alcalá y el edificio Metrópolis, y reconocerás también puntos emblemáticos como el Palacio de Comunicaciones, el edificio Colón o los rascacielos de la zona financiera. Una estampa para disfrutar con una copa de vino o un cóctel en mano, o también degustando algunas de las exquisiteces que se sirven en el Tartan Roof, situado también en esta azotea.

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Centro
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Viajar al período romántico en el Parque de El Capricho

Situado en Alameda de Osuna, el Parque de El Capricho es el mejor exponente natural del movimiento romántico en Madrid. Con influencias italianas y francesas, pero sobre todo inglesas, este jardín del siglo XVIII, ubicado en el distrito de Barajas, es un tesoro preciado en el que la naturaleza y la arquitectura se integran formando un conjunto en el que reina la armonía. Una obra que se debe a los Duques de Osuna, una de las parejas más cultas de la época, mecenas de artistas, toreros e intelectuales, de cuya sensibilidad artística da buena cuenta el propio parque. Entre sus 14 hectáreas, podrás respirar a pleno pulmón, rodeado de ejemplares de robles, pinos, cipreses, tejos, cedros y otras especies a las que se suben numerosas ardillas que habitan allí junto a aves tan variopintas como los cisnes negros, ánades reales, mirlos, pitos reales, herrerillos o los petirrojos.

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Alameda de Osuna

Imaginarse en una boda real en Los Jerónimos

Después de disfrutar de la calma del Parque de El Retiro, si dispones de algo de tiempo, convendría que dedicaras algunos minutos a la visita de esta iglesia conocida de forma popular como 'Los Jerónimos'. Este antiguo monasterio, que conserva su iglesia y un claustro renacentista, ha sido el lugar elegido por la realeza para las ceremonias que han marcado su vida: funerales, juras de herederos, bodas o proclamaciones se han vivido entre las paredes de este templo cuyo claustro fue incorporado posteriormente al Museo del Prado, en el marco de la ampliación diseñada por el arquitecto Rafael Moneo.

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Retiro

Contemplar la vida de Chueca desde una azotea

Muy cerca de la Gran Vía, en la bonita Plaza de Vázquez de Mella, encontrarás el moderno hotel Room Mate Óscar, conocido especialmente por albergar una de las más apreciadas y frecuentadas terrazas de Madrid. Un ático elegante en el que podrás refrescarte tomando uno de los ricos cócteles que sirven sus simpáticos camareros y pegándote después un chapuzón en su coqueta piscina. Subido al atardecer a las alturas del 'Óscar', magnífico exponente de la elegancia y modernidad de la que se viste el barrio de Chueca, famoso por sus fiestas del Orgullo Gay, en las últimas décadas, podrás pensar en tu próximo destino, como el Mercado de San Antón, en el que luce su galería de arte y también su magnífico bar con terraza.

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Chueca
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Rememorar el esperpento de Valle-Inclán en el callejón del Gato

Es más que probable que si Valle-Inclán levantara la cabeza y se diese hoy un paseo por el llamado callejón del Gato, necesitara de unos espejos aún más deformados que  aquellos que inspiraron su teoría del esperpento, según la cual la realidad sólo podía verse (y comprenderse) mediante lentes distorsionadas. Porque tenemos serias dudas de que el olor a 'fritanga' que se respira en esta estrecha callejuela o el trasiego de repartidores de flyers y comensales hambrientos fuera del agrado del célebre dramaturgo. No obstante, merece la pena pasar a ver lo que se cuece en la calle del poeta Álvarez Gato y sus alrededores, y de paso, entrar al restaurante 'Las Bravas', donde conservan los auténticos espejos —rotos— inspiradores de la teoría esperpéntica.

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Barrio de las Letras
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