101 cosas para hacer en Barcelona: Lista completa

Aquí tenéis nuestros 101 planes favoritos para conocer a fondo la ciudad

No importa si eres de Barcelona de toda la vida o turista, si prefieres la vida nocturna o disfrutar de la ciudad de día, si lo tuyo es la naturaleza o pasarlo bien en familia. Hemos seleccionado 101 planes que te ayudarán a conocer la ciudad a fondo y convertirte en un experto sobre Barcelona.

101

Subir al bus 24 y visitar la ciudad por menos de 2 euros

No somos Lisboa, pero tenemos nuestro particular tranvía 28. El bus de la línea 24 te pasea por media Barcelona, del Paral·lel al Carmel, de las calles anchas y rectas como Sant Pau, a las cuestas sinuosas que rodean el Parque Güell, pasando por el magnificente Paseo de Gràcia. Parece el transporte ideal para guiris que huyen de los estándares del Bus Turístic, pero también resulta un aliciente para locales que quieren redescubrir la ciudad. Si además podéis sentaros cerca de algún abuelo con labia, la distracción está doblemente asegurada.

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100

Comerse un bocadillo de lomo con queso en el Morrysom

Casi en todos los bares de la ciudad te hacen un lomo con queso: es uno de los bocadillos básicos, con el de bacon y queso, el biquini y el de fuet. Como pedir unas bravas en un bar que no conoces, es casi un suicidio pedir un lomo con queso, porque demasiado a menudo lo que te encuentras son dos trozos grisáceos de carne esmirriados bañados en tranchetes a medio fundir y un pan sin alma. En cambio, el que te dan en el Morrisson (o Morrysom) es otro cantar: unos trozos de carne gruesos y sucosos recién pasados por la plancha, al punto, coronados por una deliciosa capa de queso manchego y todo dentro de un buen pan crujiente con tomate y aceite de oliva. ¡Uno de los mejores de Barcelona!

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Dreta de l'Eixample
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99

Patinar con los skaters en la plaza dels Àngels

Con el tiempo, el MACBA y las decenas de skaters que patinan en sus alrededores se han fusionado. Son uno. Es imposible pensar en ir al museo sin que te vengan a la cabeza esa cantidad de chicos y chicas buscando el más difícil todavía sobre la tabla. Tenéis un par de opciones, visitar las exposiciones de arte contemporáneo que acoge el museo e ignorar a los skaters o, después de la ración de cultura saciada, animaros a hacer vuestros primeros pinitos sobre la tabla. Nos consta que, en su mayoría, os ayudarían serviciales.

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El Raval
98

Vivir una noche en el Churros con chocolate

Dicen que es la mejor fiesta del ambiente de Barcelona. Empezaron discretamente en un pequeño local del Raval y en septiembre de 2012 dieron el salto a la Sala Apolo. La Churros con Chocolate es una fiesta mensual, de tarde y gratuita, donde puede sonar desde los Mojinos Escozíos hasta el último éxito de Kylie. Es una sesión divertida y mutante, con un público cada vez más diverso, donde todo está permitido y donde sobre todo destaca el buen rollo que hay entre todos los asistentes. Siempre se reparten churros y chocolate a primera hora y se han vivido grandes momentos: desde una procesión de Semana Santa con una imagen de Raffaella Carrà a la actuación de un grupo de mariachis que despertó la locura colectiva.

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El Poble-sec
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97

Llevar a los niños a La Puntual

Nada de dejar a los niños enganchados a los videojuegos, ni poner en bucle la serie de dibujos de turno. Si lo hacéis, les estáis privando de un montón de cosas interesantes. Una de ellas es La Puntual, un espacio en la calle Allada Vermell dedicado a la representación de espectáculos con títeres y marionetas. ¡Sí, todavía existen! Le debe el nombre a Santiago Rusiñol y a la mercería del barrio de la Ribera que aparece en 'L’Auca del Senyor Esteve', obra clásica del teatro costumbrista.

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Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera
96

Ver las vistas del puerto de Barcelona desde La Caseta del Migdia

La Caseta del Migdia es un secreto a medias de la ciudad. Está en el Mirador del Migdia, en Montjuïc, y desde allí podréis ver unas bonitas vistas del puerto de Barcelona y de parte de la montaña. Es uno de los sitios más escogidos por los barceloneses para ver la puesta de sol. Y si ya que subís hasta allí queréis aprovechar el tiempo, también podréis comer (un menú sencillo a base de ensalada y carne a la brasa) o asistir a las muchas actividades que acoge. En verano es una delicia.

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Sants - Montjuïc
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95

Visitar el románico del MNAC y la nueva colección de arte contemporáneo

Hay varios motivos por los que visitar el Museu Nacional d'Art de Catalunya. La subida desde la plaza de España merece la pena, porque desde el museo tenéis unas bonitas vistas de esa parte de la ciudad y porque el Palacio Nacional, edificio emblemático de la Exposición Internacional de 1929, es importante por sí solo. Una vez dentro del MNAC, tenéis que ver la colección de arte románico (siglos XI-XIII) con murales y el fondo de pinturas sobre tabla más numeroso y antiguo de Europa. En septiembre de 2014 se reabrió la planta de Arte Moderno, que llega hasta los años 50 y donde encontraréis representantes de todas las disciplinas: escultura, pintura, fotografía, cartelismo, cine, arquitectura y artes decorativas.

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Sants - Montjuïc
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Descubrir una ciudad de novela

Se han escrito muchas novelas ambientadas en Barcelona. Ahí tenéis 'La ciudad de los prodigios' de Eduardo Mendoza, 'Desde la ciudad nerviosa' de Enrique Vila-Matas, 'El día del Watusi' de Francisco Casavella y las novelas de Mercè Rodoreda. O joyas de rigurosa actualidad, como 'Picadura de Barcelona' de Adrià Pujol, 'Un jardín abandonado por los pájaros' de Marcos Ordóñez y 'Vallvi', de Edgar Cantero. Si queréis conocer más sobre la memoria literaria de nuestras calles, comprad uno de estos libros y leedlo en los bancos de un típico patio del Eixample, el de la Torre de les Aigües. El acceso se encuentra en el 56 de la calle Roger de Llúria.

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Eixample
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93

Perderse por el Laberinto de Horta

¡Ni os imagináis el juego que puede dar un laberinto! Poca gente sabe que este parque es el más antiguo que se conserva en la ciudad y tener un laberinto en su interior lo hace todavía más interesante. Está en el barrio de Horta, cerca de la sierra de Collserola y, además del dédalo, cuenta con un jardín neoclásico del siglo XVIII y un jardín romántico del siglo XIX, así como el palacete de la familia Desvalls, propietaria del terreno, fuentes, una cascada y varias esculturas sobre la mitología griega. Entrad y jugad a ser Teseo y el Minotauro.

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Horta - Guinardó
92

Hacer la ruta de los cementerios

Si cuando viajáis le dedicáis un rato a visitar los cementerios de la ciudad y os acercáis hasta las tumbas de los personajes ilustres, ¿por qué no hacerlo también en Barcelona? No penséis en la parte tétrica del asunto, sino en el valor artístico de los cementerios. En los de Poblenou y Montjuïc, los más grades de Barcelona, encontraréis numerosos ejemplos de diferentes estilos arquitectónicos y piezas de reconocidos artistas. Para ir sobre seguro, podéis apuntaros a algunas de las visitas guiadas que se organizan cada mes.

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Sants - Montjuïc
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91

Pasear por la Fabra i Coats, sobre todo cuando hay festivales

Muchos estaréis flipando con la Fabra i Coats, pero los vecinos de Sant Andreu llevan conviviendo con este complejo fabril desde principios del siglo XX. En el 2009 pasó a formar parte del programa de fábricas de creación del ayuntamiento de Barcelona. Se trata de un espacio multidisciplinar llamado a ser un referente en la investigación artística y en la generación de nuevos contenidos, así como un punto de encuentro entre colectivos y creadores. Durante estos años son muchas las propuestas y festivales que ha acogido, entre ellos el MIRA.

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Sant Andreu
90

Comprar vinilos en las pocas tiendas de discos que quedan

No sabemos si comprar discos está de moda –con eso de que todo lo vintage gusta– o es una práctica en total peligro de extinción. Nos asusta que sea la segunda opción, así que os animamos a visitar y comprar en algunas de las tiendas de discos que todavía resisten estoicas en Barcelona como Discos Paradiso, Bcore, Discos Revolver, Daily Records, Discos wha wha o Ultralocal Records.

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El Raval
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89

Beberse un granizado de pomada en la Eivissenca de Horta

Os proponemos un dos en uno. Por un lado, descubrir que Barcelona es mucho más que el Eixample, Gràcia y el Born, y subir hasta Horta, un barrio tranquilo y con mucho encanto que vale la pena. Y por otro lado, saciar la añoranza balear tomando un granizado de pomada (Gin Xoriguer y limonada) en la heladería la Eivissenca, muy cerquita de la plaza Ibiza, el núcleo del barrio. No es como estar en Menorca, pero tampoco está mal.

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88

Hacer una ruta del Modernismo diferente

Damos por hecho que, tanto si sois de Barcelona como turistas, habréis visitado los grandes edificios modernistas de la ciudad: Sagrada Família, Pedrera, Casa Batlló, Park Güell... pero tenéis que saber que otra ruta modernista es posible. El Institut de Paisatge Urbà ha contabilizado hasta 2.200 edificios 100% modernistas o con decoraciones de esta corriente, así que ¡imaginaos todo lo que está a vuestro alcance! Os recomendamos la Casa Vicens, el Hotel Espanya, la Casa Thomas o la Casa Planells.

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87

Emborracharse en la Mostra de vins i caves de la Mercè

Durante los días de la Mercè, en paseo Lluís Companys con el Arc de Triomf como testigo, se llena de gente con copas arriba y abajo. No es que sea el botellómetro de la fiesta, es algo mucho más elegante. Allí se celebra la Mostra de Vins i Caves de Catalunya, un escaparate de las D.O. catalanas y una forma sabrosa (además de vino y cava también hay degustación de embutidos, quesos, dulces..) de ganar nuevos adeptos para la causa de Baco.

Tenéis que comprar los tickets para la comida y la bebida e ir probando. Id con cuidado porque uno se relaja y acaba volviendo a casa haciendo eses.

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Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera
86

Intercambiar cromos en el mercado de Sant Antoni

Es el mercado de intercambio por antonomasia de Barcelona. Generaciones y generaciones de barceloneses hemos ido a este mercado en busca del maldito cromo que nos faltaba para terminar la colección de turno, pero también encontraréis revistas, películas, libros, videojuegos o calendarios. Además, está en el barrio más de moda de la ciudad, así que podéis matar dos pájaros de un tiro y terminar la búsqueda tomando algo, por ejemplo, en alguno de los bares y restaurantes de la calle Parlament.

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Eixample
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85

Descubrir el Mutis

Sacamos pecho. En 2012 la revista 'Drinks International' nombró al Mutis como el mejor bar de Europa. Se trata del hermano escondido –es una coctelería privada– del Bar Mut y aunque le envuelva este aura de misterio, para visitarla solo tenéis que reservar por teléfono o preguntar en el Mut. No pongáis mala cara si os hacen algunas preguntas, digamos que todo el mundo es bien recibido pero quieren una clientela “educadamente canalla”. Hay música en directo cada noche y una impresionante carta de cócteles. Podéis empezar por el que lleva el nombre del local a base de bourbon, champán y chocolate blanco. Por algo Robert De Niro quiso una sucursal en Nueva York.

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Dreta de l'Eixample
84

Conocer donde viven los gigantes cualquier día del año

Si os va lo popular y folklórico, no dudéis en acercaros a la Casa dels Entremesos. ¡Aquí duermen los gigantes, cabezudos y gran parte de la familia del imaginario popular de la ciudad! La Mulassa, el Bou, el Drac, el Àliga, la Víbria y la Tarasca, el Nan del Cu-cut, los elegantes gigantes de la Casa de la Caritat, los comerciantes del Raval y, una de las parejas más seductoras y emblemáticas, Mustafá y Elisenda, los gigantes del Pi. Estáticos ya impactan, pero tenéis que verlos en movimiento... entonces desprenden ese no se qué que embelesa a pequeños y adultos.

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83

Tomarse un Cacaolat en la granja Viader

Pensaréis que estamos tontos, que un Cacaolat os lo podéis tomar en cualquier bar de Cataluña. Pero todo tiene un motivo, amigos. Es en esta granja del Raval donde empezó todo, donde nació esta bebida de cacao que ha marcado la infancia de los catalanes –los mallorquines diréis que el Lacao es mejor, los valencianos que el Choleck y así por todas las comunidades autónomas– y que durante meses pensamos que desaparecía de nuestras vidas. Y una vez cumplido el ritual del Cacaolat, tampoco dejéis de probar sus chocolates a la taza y suizos. ¡Para chuparse los dedos!

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El Raval
82

Oler las rosas del Parque Cervantes

Alérgicos abstenerse, o al menos si no tenéis antihistamínicos a mano. Es un parque muy apreciado por los aficionados al running porque sus caminos son anchos, de dificultad mínima, y porque hay trozos de sol y sombra. Pero si por algo es famoso es por su rosaleda. Respirad profundo y dejad que el perfume de las rosas –desde primavera y hasta otoño, más de 10.000 rosales llenan las cuatro hectáreas de un extremo del parque– os inunde el pecho o, si sois unos aficionados expertos, podéis asistir al Concurso Internacional de Rosas Nuevas de Barcelona, que se celebra en mayo.

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La Maternitat i Sant Ramon
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81

Pasar una tarde en la Filmoteca

Antes estaba en la avenida Sarrià, límite colindante con el Upper Diagonal, territorio exclusivo del transporte en taxi, y lo cierto es que no iba ni Chus. Desde que bajó a los feudos del antiguo Chino, entre el metro de Liceo y los shawarmas de la rambla del Raval, la Filmoteca se ha convertido en un hervidero en el que se da cita el cinéfilo curioso, el modernillo que sabe lo que le conviene y el veterano que todavía se pirra por los dioses del Hollywood clásico. Tiene dos salas, así que hay donde escoger. Y a la salida podéis comentar la película en la Monroe, el bar del complejo, con una cerveza fría y un buen plato de cecina que saciará vuestro ibérico apetito.

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El Raval
80

Hacer el vermut en alguna de las bodegas más antiguas de la ciudad y en las más modernas

Hacer el vermut siempre ha sido tradición en Barcelona, por mucho que digan que durante un tiempo no estuvo de moda y las bodegas quedaron en el olvido. Sea como fuere, hay cientos de bares, bodegas y tabernas donde disfrutar del aperitivo por toda la ciudad. Algunas de ellas son casi centenarias, como el Xampanyet, el Bar Castells o La Vermuteria del Tano, y otras más modernas pero que han querido mantener la esencia, como el caso de Balius, en el Poblenou, una coctelería especializada en vermut del bueno.

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Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera
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79

Pasear por Sant Felip Neri, la plaza más bonita de Barcelona

Para gustos, los colores, pero es indiscutible que Sant Felip Neri está en el top 5 de las plazas más bonitas de Barcelona. No es espectacular, pero ahí reside la magia. Se llega a ella paseando por calles estrechas del barrio Gòtic. Está ubicada sobre el antiguo cementerio medieval de Monjuïc del Bisbe y en ella se encuentran la iglesia y la escuela del mismo nombre, viviendas renacentistas y las antiguas casas de los gremios de caldereros y zapateros, esta última es la sede del Museo del Calzado. Si os fijáis en la fachada de la iglesia de Sant Felip Neri veréis los restos de la metralla de una bomba que lanzó el bando nacional durante la Guerra Civil y que causó la muerte de 42 personas, la mayoría de ellas niños.

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Ciutat Vella
78

Fotografiar La Mercè desde la calle Carabassa

Cada uno se encomienda a los santos que quiere, y no hace falta ser devoto para rendirse a los encantos de la Patrona. En la calle de Can Carabassa entenderéis el por qué de todo este rollo mariano. En cuanto cojas la callejuela del Gótico, la Mercè se te aparece erguida en la cúpula de la basílica y no puedes dejar de mirar la figura. Es una imagen bellísima (sobre todo si acaba de llover y el perfil de la santa se refleja en el suelo de adoquines), casi tan potente como la de reconocer la estatua de la patrona saludando y dando la bienvenida a los que llegan a Barcelona por el mar.

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77

Pasear por la judería

El barrio judío de Barcelona ocupaba parte del actual barrio Gòtic, entre las calles del Call, la plaza Sant Jaume, Banys Nous y Sant Sever. Además de pasear por estas calles, si queréis profundizar más en la vida de la comunidad, en el MUHBA El Call veréis algunos objetos como lámparas rituales y lápidas funerarias, así como la exposición ‘Salomó ben Adret de Barcelona (1235-1310). El triunfo de una ortodoxia’. Y por si eso fuera poco, podéis visitar la sinagoga.

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El Gòtic
76

Vestir made in Barcelona

Ya se sabe que si no nos cuidamos nosotros mismos, nadie lo hará por nosotros. Lo extrapolamos también al arte y al diseño hecho en Barcelona. Tanto si venís de visita como si vivís aquí, ni os acerquéis a los escaparates de las grandes cadenas al menos por un día y concederos el regalo de visitar algunas de las tiendas donde encontraréis diseños barceloneses. Os damos solo algunos ejemplos. De moda, Ailanto, Colmillo de Morsa o Ivori. Complementos, Iriarte Iriarte y Oslo. Muebles, Amato Sole e Imanol Ossa.

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Eixample
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75

Ir a las fiestas de Gràcia

Unos tienen San Fermín, otros la Feria de Abril y nosotros, entre otras, las fiestas del barrio de Gràcia. No tienen nada que ver las unas con las otras, solo que son míticas y diferentes. Las fiestas de Gràcia se celebran a mediados de agosto, pero los vecinos del barrio se pasan todo el año preparándolas. Además de contar con todos los ingredientes necesarios para unas buenas fiestas populares –actos tradicionales, muchos y variados conciertos, programación infantil y varias comidas vecinales– lo que las hace únicas es el concurso de decoración. Una veintena de calles cambian su apariencia normal durante esos días y se transforman en todo tipo de mundos: el fondo del mar, un barco pirata, un ataque zombie, la fantasía de Disney... Vamos, ¡imperdibles!

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74

Comprobar si las bravas del Tomás son las mejores de Barcelona

¿Serán las bravas de este bar de Sarrià las mejores de Barcelona? Nadie puede confirmarlo más que la votación popular. Desde hace años se dice que es así, pero hay varios bares más de Barcelona que se merecen el premio ex aequo. Solo os podemos decir que probéis unas cuantas y saquéis vuestras propias conclusiones. ¡Al menos disfrutaréis comiendo!

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Sarrià - Sant Gervasi
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73

Enamorarse el día de Sant Jordi

Solo un catalán entenderá por qué hablamos de amor en abril y no en febrero, como el resto de la humanidad. Más que angelitos con flechas que disparan al corazón, aquí nos gusta más pensar en caballeros que salvan a doncellas de fieros dragones atravesándolos con una espada y de cuya sangre brota una rosa. Somos así, qué queréis que os diga. Pero es que Sant Jordi es nuestra gran fiesta. Es la fiesta de la cultura y Barcelona se engalana. También se abarrota, pero parece que ese día nos molestan menos las aglomeraciones. El centro de la ciudad se llena de puestos de venta de rosas y de libros y los autores del año hacen auténticas maratones de firmas.

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El Raval
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71

Comprar horchata y turrón en Sirvent

Este es otro terreno escabroso, como el de las bravas. Escoger la mejor horchata es una tarea titánica que no se la encomendaríamos ni a nuestro peor enemigo. Pero como somos unos osados, sí que nos atrevemos a decir que la horchata –en verano– y los turrones que os servirán en Sirvent son para quitarse el sombrero. Artesanales y buenísimos. Tenéis que visitarles aunque tengáis que hacer tres cambios de línea de metro.

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Sant Antoni
70

Rezar una oración, o regalarse 15 minutos de silencio en alguno de los claustros de la ciudad

¿Cómo escapar del bullicio de Plaza Cataluña? ¿Dónde te escondes del tráfico si vas por la calle Aragón? La respuesta está en los claustros. En los patios góticos de las iglesias de Santa Ana y de la Concepción –recuperado del antiguo templo de Santa Maria de les Jonqueres– el tiempo se detiene y el silencio invita a desconectar. Prohibido sacar el móvil. Tienes 15 minutos de tregua.

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El Gòtic
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69

Hacer la ruta de la calle Parlament

5 de 5 estrellas
Recomendado

¿Has quedado con tus amigos en un bar de la calle Parlament y no hay sitio? Es posible que pase, pero no importa porque esta calle –y también las de alrededor– está repleta de bares y restaurantes con muy buenas propuestas. Por algo se ha convertido en una de las calles imprescindibles del barrio de Sant Antoni. Ponemos ejemplos: Sortidors del Parlament, el Calders, Tarannà, Pa i Trago, el Cometa, el Federal o el Dinàmic, pero hay mucho más.

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Sant Antoni
68

Comer el mejor kebab de Barcelona

De acuerdo, no deberíamos ser tan categóricos porque cada uno tiene sus gustos, pero son muchos los factores que nos llevan a afirmar que en este local de la calle Joaquin Costa os comeréis el mejor kebab de Barcelona, entre otros platos, como el pollo tikka masala o las albóndigas. Distanciándose de otras carnes típicas de estos lugares, que es mejor no preguntarse de dónde vienen, el pollo del Bismillah kebabish es de calidad y el pan lo hacen ellos mismos al momento en un horno tandoori. Las colas que se forman en la calle cualquier día son una garantía.

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El Raval
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67

Observar de cerca el 'ou com balla'

El día de Corpus Christi en Barcelona, y en otras localidades catalanas, podéis ver la tradición del 'ou com balla': un huevo vacío que baila sin caerse sobre el chorro de una fuente, que a su vez ha sido decorada con flores y frutas de temporada. Parece que el ritual empezó a celebrarse en 1440 y su significado es variado. Unas teorías dicen que representa a la hostia sagrada y el agua al cáliz de Cristo, otras que celebra la exuberancia de la primavera y también que se hacía para distraer a los nobles mientras esperaban el paso de la procesión. En cualquier caso, si no lo habéis visto nunca, vale la pena. Podéis verlo en el claustro de la Catedral, el Ateneu Barcelonès, el Museu d'Història de Barcelona o la Reial Acadèmia de les Bones Lletres, entre otros.

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Ciutat Vella
66

Comprar un caganer en la Fira de Santa Llúcia

Muchos no montan el belén en casa, pero siempre están al día del nuevo caganer de cada año. Y es que en Cataluña somos muy escatológicos. ¿En qué otro lugar existe una figura como esta? Un campesino con barretina y los pantalones por los tobillos haciendo sus necesidades, con cagarro incluido. Desde ya hace tiempo, los personajes de la actualidad también se ven de esta guisa, desde políticos o futbolistas a actores, miembros de la realeza o incluso el Papa. Ya se sabe que ante esa tesitura, todos somos iguales. La Feria de Santa Lucía que se instala cada año delante de la Catedral es el lugar perfecto para comprar todo lo necesario para decorar vuestra casa en Navidad: árbol, Ponsetias, todo tipo de figuras, regalos artesanales...

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El Gòtic
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65

Subir a la batería antiaérea del Turó de la Rovira

No suelen aparecer en los recorridos turísticos de la ciudad y es una pena porque si no los visitáis os perderéis unas de las mejores vistas de Barcelona. Estos cañones antiaéreos se construyeron en 1937, en plena Guerra Civil, cuando Barcelona recibía casi 200 bombardeos al día. A partir de los años 50 y con el boom de la inmigración, fueron habitados. Se construyeron barracas y fue la lucha vecinal la que consiguió mejoras (luz, agua, contenedores) y más tarde que los realojaran en pisos con mejores condiciones. Coincidiendo con los Juegos Olímpicos, el Ayuntamiento derribó las barracas y dejó este espacio abandonado, pero fueron nuevamente los vecinos quienes lucharon para que se reconociera su patrimonio histórico. Les damos las gracias porque ver el atardecer desde aquí es una experiencia preciosa.

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64

Ver una obra en el Teatre Grec

Además de acoger y darle nombre al gran festival cultural de Barcelona, el Teatre Grec es un espacio escénico único. Es un teatro al aire libre situado en la montaña de Montjuïc, en una antigua cantera que fue adquirida por el Ayuntamiento de Barcelona en 1908, y que nació en 1929. Fue construido por Ramon Reventós i Ferrerons, el mismo arquitecto responsable de las torres venecianas de la plaza de Espanya y de otros proyectos de la Exposición Internacional del 1929.

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Sants - Montjuïc
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62

Disfrutar de los festivales musicales

Si tenéis presupuesto y energía suficiente, os retamos a que vayáis a los tres grandes festivales musicales que acoge Barcelona con el buen tiempo: Sónar, Primavera Sound y Cruïlla. Diferentes entre ellos –en concepto y repertorio– pero con algo en común, son 'the place to be'. Además del cartel, que suele recoger a las bandas nacionales e internacionales de las que más se habla, también programan conciertos y actividades por la ciudad, de día, e incluso gratis.

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Sant Martí
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61

Ir al Tibidabo a Collserola o a Montjuïc

Mar y montaña. No, no nos referimos a la receta, sino que en Barcelona tenemos playas y también montañas donde saciar el hambre de naturaleza. Vosotros escogéis entre el Tibidabo, Collserola –el gran pulmón verde de la ciudad– o Montjuïc, todas están pensadas para hacer deporte pero también para pasar tiempo en familia.

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60

Comer chocolate a la taza en alguna granja de la calle Petritxol

Recomendado

Hay muchas granjas de toda la vida en Barcelona, por lo que nuestros estómagos se sienten profundamente felices, pero la calle Petritxol se ha hecho famosa porque allí es donde están dos de las más míticas: La Pallaresa y Dulcinea. Las colas –y el aroma– os marcarán el camino. Las sugerencias son variadas, pero os recomendamos que mojéis el churro, o la porra, en un exquisito chocolate a la taza o en un suizo. En los dos lugares os tendréis que limpiar los morros manchados de cacao y las lágrimas que rodarán de felicidad por vuestras mejillas.

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El Gòtic
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59

Comprar los regalos de Reyes a última hora en la Gran Via

Este plan solo es apto para quienes no sean maníacos de la planificación. Nos gusta porque es un salvavidas al que agarrarte cuando te has despistado y no le has comprado el muñeco de moda a tu sobrino y es 5 de enero, y porque se ha convertido en una tradición navideña más. Durante las semanas de Navidad, un tramo de la Gran Via se llena de casetas de venta de juguetes y juegos de mesa, algo de tecnología, complementos, música y chucherías, y familias enteras aprovechan para comprar o simplemente para impregnarse del ambiente. También encontraréis puntos de recogida solidarios de juguetes.

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Eixample
58

Engancharse a la experiencia Room Escape

Los Room Escape, o juegos de escape en vivo, ya son un fenómeno en Barcelona. Encontraréis casi 50 de diferentes dificultades y temáticas. A grandes rasgos, lo que tenéis que hacer es conseguir salir de una habitación, casa, almacén o algo similar, en una hora. Para ello deberéis resolver enigmas, abrir candados, utilizar vuestra intuición y trabajar en equipo. La diversión está garantizada y quizá algún que otro susto también...

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Camp d'en Grassot i Gràcia Nova
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57

Tomarte un cóctel (o dos, o tres...)

Como el concepto es un poco amplio, intentaremos pasar por todos los campos posibles. Si hablamos de cócteles en Barcelona, debemos nombrar el Boadas, una guarida en la calle Tallers donde parece que se haya detenido el tiempo. No dejamos el Raval, en el Tahití os podréis tomar un combinado tiki de escándalo y, en la acera de en frente, tenéis el Negroni, también de Javier Cejas. Obviamente, el Negroni lo bordan, pero si vais perdidos, en el barman encontraréis la salvación. Saltamos a Gràcia, hasta L'Entresòl, donde podréis empezar la noche con un buen gin-tonic. Tienen más de 35 marcas de ginebra premium y una carta de gin-tonics para que encontréis el hecho a vuestra medida.

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El Raval
56

Ir al Mercat de les Flors a disfrutar de la propuesta escénica más vanguardista de Barcelona

Por suerte para el público y para los creadores de la ciudad, tenemos una pequeña –pero muy selecta– lista de espacios dedicados a la vanguardia escénica encabezada por el Mercat de les Flors, quizá los más veteranos aunque siempre atentos a la creatividad contemporánea. Por aquí han pasado desde Peter Brook –que inauguró el teatro– hasta Xavier Le Roy y la compañía Hofesh Shechter, o los locales Sónia Gómez, Marcos Morau, Pere Faura y Lali Ayguadé. Lo más nuevo se cuece en la Secció Irregular, y la danza menos ortodoxa a veces también encuentra su espacio en este palacio de las artes escénicas que está coronado por las pinturas de Miquel Barcelo.

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El Poble-sec
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55

Conocer la calle más estrecha de Barcelona

La idea principal era pasar por la calle de las Mosques, la calle más estrecha de Barcelona, pero está cerrada desde 1991 por el uso incívico de vecinos y turistas. Sin embargo, sigue siendo curioso acercarse hasta esta pequeña vía, situada detrás de Santa Maria del Mar, en el barrio del Born, y hacerse la foto. Lástima que no se pueda comprobar si con los brazos en cruz se tocan los dos lados de la calle.

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Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera
54

Ver una ópera en el Gran Teatre del Liceu

Recomendado

Ni los incendios ni las crisis económicas han podido acabar con el espíritu y el esplendor del Liceu, una de las salas más prestigiosas del mundo (fue el teatro de ópera más grande de Europa durante sus primeros 100 años). Desde su inauguración y durante casi un siglo, el Liceu fue el punto de referencia, de confluencia y de expansión de la vida artística, social y política de Barcelona y el termómetro de sus etapas de esplendor, de desarrollo y de decadencia.
Después del incendio de 1994, la sala del auditorio se reedificó reproduciendo fielmente el aspecto que tenía la sala en 1909, pero con algunas mejoras. Ya no es solo la casa de la ópera de la ciudad, también programa conciertos de música contemporánea, y si lo miráis con tiempo, podéis conseguir entradas a un precio bastante asequible. Ya no es el lugar 'prohibido' de antaño.

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El Raval
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53

Probar los cruasanes del Ochiai

Quien dice cruasanes (los de mantequilla, de té verde –orgásmico– almendra, mango y chocolate) también dice los Dorayaki (popularmente conocidos como los pastelitos de Doraemon), muchas más variedades de pastelería nipona, o sus trufas y bombones. Hace más de 30 años que Ochiai abrió sus puertas y se convirtió en la pastelería japonesa de referencia en Barcelona.

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Eixample
52

Hacer cola en el Conesa

Recomendado

A nadie le gusta hacer cola, pero cuando la espera tiene como recompensa uno de los bocadillos del Conesa, la cosa cambia. Tenéis infinidad de variedades donde escoger y ¡también para celíacos! Pero si hablamos de bocadillos de vicio, no podemos dejar de recomendaros también los que hacen en el Guixot (lugar muy sencillo pero de carta espectacular), el Carrot Cafe (hamburguesas, sabores tradicionales, bocadillos de pastrami, cervezas artesanas y tartas caseras), en Fastvinic (bocadillos gourmet) o en el Sagàs (con verduras que ellos mismos cultivan).

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El Gòtic
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Visitar CosmoCaixa

Por el contenido y por el continente. CosmoCaixa es el resultado de la remodelación del Museu de la Ciència de Barcelona. Se inauguró en el 2004 y ocupa el lugar de un antiguo asilo para ciegos, obra de Josep Domènech y Estapà. El museo se divide en diferentes espacios: el Mur Geològic, el Bosc Inundat, la Sala de la Matèria, el Planetari, la Plaça de la Ciència, Click y Flash, el Planetari Bombolla y el Toca toca! Si a vuestros hijos les gustan las ciencias naturales, aquí se lo van a pasar en grande. ¡Y vosotros también! Es el lugar perfecto para empezar a conocer la ciencia de primera mano.

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Sant Gervasi - La Bonanova
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Hacer un pícnic en el parque de la Ciutadella

La Ciutadella es el gran parque de la ciudad y el más utilizado por los barceloneses, y es que sus más de 17 hectáreas dan para mucho. Aquí está el Zoo, los edificios del Parlament de Catalunya, un instituto, una iglesia, un lago y un quiosco donde se programa música en directo. Pero aquí tienen lugar muchas más actividades, desde ferias o mercados a eventos deportivos, conciertos, sesiones de DJ, fiestas infantiles o actos solidarios.

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Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera
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49

Recordar a Pepe Rubianes en su sala en el Capitol

Este ilustre galaico-catalán se fue y nos dejó un vacío en el pecho. Él que decía las cosas sin filtro, a bocajarro, un derechazo a la mandíbula de quien se resiste a escuchar las verdades. Una persona así es necesaria, y más cuando lo hace con inteligencia, es decir, con sentido del humor. A Pepe Rubianes se le añora, pero ante todo se le quiere, prueba de ello es la sala del Club Capitol que lleva su nombre. Ese teatro en el que se pasó años defendiendo sus obras. Nos parece que una buena forma de recordarlo es, precisamente, en esa sala y riendo, riendo mucho.

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El Gòtic
48

Comerse un arroz en la Barceloneta

Recomendado

Encontrar un buen arroz es complicado, y más en estos tiempos en los que cualquier restaurante se atreve a poner en su menú la palabra paella, pero obviando que los ingredientes son congelados y el caldo de botella. Pero en Barcelona hay sitios en los que os podéis comer una buenísima paella con garantías y muchos de ellos se ubican en el barrio de la Barceloneta, el barrio pesquero. Algunos ejemplos son La Barraca (tienen unas seis variedades), La Mar Salada (unos de los referentes de la cocina marinera), Can Solé (según Vázquez Montalbán hacen el mejor arroz del Mediterráneo), El Suquet de l'Almirall (combinación de platos tradicionales con toques de modernidad), Ca la Nuri (terraza en la arena donde probar una carta a base de producto fresquísimo), el 7 Portes (su éxito es la paella Parellada) o el Cavamar (destaca su arroz con bogavante).

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La Barceloneta
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47

Subir al castillo de Torre Baró

Si queréis ser unos buenos conocedores de Barcelona, también tendréis que subir hasta los barrios más montañeros como Roquetes, y visitar el castillo de Torre Baró. Se puede llegar en metro y luego caminar un trozo. Es un edificio protegido como bien de interés local desde 1989, año en el que también fue restaurado. Fue construido en 1905 –aunque con un origen y un topónimo mucho más antiguo– y debía haber sido un gran hotel, pero el proyecto quedó en nada por la mala comunicación de la zona. Además de visitar esta inacabada construcción neomedieval podréis disfrutar de unas bonitas vistas de los barrios menos conocidos de la ciudad.

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46

Comprar ropa y complementos en algunos de los mercados de fin de semana

No hay fin de semana que no se celebre algún mercadillo en Barcelona. Para todos los gustos y bolsillos. Pero los que más triunfan y resisten son los de segunda mano, porque eso de encontrar cosas bonitas por cuatro duros, ¿a quién no le gusta? Algunos de los más importantes son el Lost & Found, el Flea Market, el Fleadonia, Palo Alto Market o el Two Market. Y si en vez de mercados sois más de tiendas, ¡también tenéis unas cuantas para llenar el armario de gangas!

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El Poblenou
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45

Morirse de risa en el Improshow del Teatreneu

No se tiene constancia de que alguien no se haya reído en alguna de las sesiones del Improshow –en todas sus variantes– del Teatreneu. Es un espectáculo de improvisación genial, conducido por un sargento con malas pulgas y con unos contrincantes que han debido salir de la mente más perversa. Pero aquí el público es vital. Al entrar, tendréis que escribir en un papelito una idea y con ellas irá tomando forma el espectáculo de cada noche. No hay ninguno igual.

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Vila de Gràcia
44

Ver una película al aire libre

Los malos tiempos para la cultura que vivimos han hecho mella en todas las vertientes, y el cine ha sufrido especialmente con cierres de salas míticas. Pero como dijo aquel, hay que ver los brotes verdes, y también han surgido nuevos cines. Pero más allá de la cartelera comercial y alternativa de Barcelona, un muy buen plan es pasar una noche de verano viendo una película al aire libre. El castillo de Montjuïc se ha posicionado como la sala abierta por excelencia, pero el CCCB también programa películas en su patio. Coged la silla, o en el suelo mismo, y dejaos mecer por la magia del cine.

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Sants - Montjuïc
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43

Visitar los Encants

Si vais a la plaza de les Glories, dejaos deslumbrar por el nuevo Mercat de Bellcaire. La cubierta ondulante de Fermín Vázquez lo refleja todo y es carne de instantáneas insólitas. La actividad de los Encants se organiza en calles donde se puede encontrar desde tiendas de antigüedades o bicicletas hasta puestos de bricolaje, y una planta baja, la plaza, donde tiene lugar la subasta y venta de piezas únicas, desde visos de algodón con blondas a una máquina de coser Wertheim y números vintage de 'L'Illustration'. Si la visita se alarga, no os preocupéis por buscar un lugar dónde llenar el estómago, la parte gastronómica del mercado brilla igual que su cubierta.

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Fort Pienc
42

Criticar el pesebre de la plaza de Sant Jaume

Critica o admira, ya que hay gustos para todo. Una de las tradiciones navideñas de Barcelona, aunque no tan instaurada como la feria de Santa Lucia que se planta en la plaza de la Catedral, es el pesebre que ocupa gran parte de la plaza de Sant Jaume. Cada año es diferente. Unos más clásico, otros costumbrista, con figuras móviles, luces, música... Y como es gratis, casi a todas horas hay gente haciendo el mini recorrido para verlo al detalle.

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Ciutat Vella
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41

Acércate a ver al mejor de todos los tiempos

Tener uno de los mejores equipos de fútbol del mundo es uno de los grandes orgullos de nuestra ciudad, y más cuando en su once juega Messi, el mejor jugador de todos los tiempos para cualquiera que tenga un par de ojos en su cara. Puedes visitar el Camp Nou, el Museu, asistir a un partido... te sentirás cerca de las estrellas. Pero si tu equipo favorito de la ciudad es el Espanyol, también puedes visitar su campo, RCDE Stadium, en Cornellà-El Prat

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40

Comprar caramelos de violeta o pastas de té en La Colmena

Tres generaciones de la familia Roig han regentado esta tienda del barrio Gòtic, y también son muchas las generaciones de barceloneses que han arrimado la nariz a sus escaparates, repletos de dulces, pero si algo les ha hecho famosos son sus caramelos artesanales –probad los de violeta– y sus pastas de té.

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El Gòtic
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39

Visitar las estaciones fantasma del metro

Casi un millón de personas utilizan el metro de Barcelona cada día, pero la inmensa mayoría no debe saber ni cuál fue la primera estación, ni los estilos decorativos de las paradas, las historias de su construcción o los mitos y leyendas de las estaciones fantasma. Si tenéis curiosidad por saber más sobre este transporte público, cada mes se programan visitas de la ruta BCN subterránea, historias del metro.

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Sants - Montjuïc
38

Salir de fiesta al Sor Rita

5 de 5 estrellas
Recomendado

Es uno de los locales que forman parte de nuestra lista de bares frikis, pero eso no es negativo, al menos si lo que buscáis es petardeo y un local kitsch donde pasar una noche divertidísima. El techo de la entrada está lleno de zapatos, han colgado un toro de plástico y un vestido de flamenca en una pared y han levantado un altar en honor a sus pecadoras favoritas del siglo XX. Y para rematar, los jueves organizan el kutreoke. Diversión asegurada, ¡palabra!

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El Gòtic
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37

Descubrir la Barcelona romana

La mayoría de las calles más conocidas de Barcelona, la calle Hospital o incluso el Paseo de Gràcia, yacen sobre calles romanas. La mejor manera de entender lo que fue la ciudad romana es recorrer la zona de sus murallas y admirar los vestigios romanos que os irán asaltando por el camino. La ruta la podéis empezar, por ejemplo, en la calle Paradís, entre la Catedral y la plaza Sant Jaume, donde está el templo romano de Augusto. Tampoco os olvidéis de la plaza Vila de Madrid, donde está la necrópolis romana, o el Pati Llimona.

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El Gòtic
36

Ver el espectáculo de las Fuentes de Montjuïc

Me atrevería a decir que la mayoría de barceloneses vamos a ver este espectáculo cuando somos pequeños y repetimos cuando nos toca hacer de anfitriones. Quizá no está en vuestra lista de 101 cosas para hacer, pero es innegable que la gente cuando lo ve por primera vez, alucina.

La fuente es obra del ingeniero Carles Buigas, que ideó estos tipos de chorros donde el elemento artístico son las formas cambiantes del agua, y es una de las últimas obras que se hicieron en el recinto de la Exposición Universal de 1929.

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Sants - Montjuïc
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35

Encontrar localizaciones de película

Nuestro paseo de Gràcia no es como Times Square, que cuando la pisas por primera vez es como reencontrarte con una vieja amiga porque hemos visto esta gran calle hasta la saciedad en cientos de películas. Pero Barcelona también ha sido plató de muchas producciones. Os retamos a encontrar algunas localizaciones. Unas más obvias –por ejemplo La Pedrera de 'Vicky, Cristina, Barcelona'– pero otras que seguro que os pasaron desapercibidas, como las de 'El Perfume'.

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Dreta de l'Eixample
34

Ser un friki más en Gigamesh

En Gigamesh y en tantos otros bares y tiendas. Pero la librería Gigamesh es uno de los vértices del triángulo friqui barcelonés, un punto de primera magnitud de venta de ciencia ficción, terror, fantasía, ya sea en formato novela o cómic. No menos importante es su labor editorial: fueron los primeros en publicar 'Juego de Tronos' hace un montón de años.

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Eixample
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33

Ver un concierto en el Jamboree

Es uno de los locales míticos de la plaza Reial, junto con Sidecar. Los aficionados al jazz han visto en este sótano a grandes nombres internacionales como Bill Coleman, Kenny Drew, Chet Baker, Lou Bennet, Stéphan Grappelli, Kenny Clarke, Ornette Coleman o Dexter Gordon. Tienen una programación muy interesante y con fiestas regulares cada semana.

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El Gòtic
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30

Visitar el gato de Botero

El gato gordo de Botero tiene casi tantas vidas como los auténticos felinos. Algunos intentaron escalar por su cola (y subir hasta los bigotes) cuando reposaba en la Ciutadella, y después de deambular por la Anilla Olímpica y la Plaza Blanquerna, desde 2003 duerme en la Rambla del Raval. Hay muchos rincones de postal en el antiguo barrio Chino, un monumento vivo lleno de olores y colores traídos de todos los puntos del planeta, pero a falta de inspiración siempre podéis sacaros la foto con la escultura exenta del barrio.

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29

Encontrar un tesoro en el Lost and Found

Nadie ha dicho que encontrar tesoros sea misión imposible, y para muestra el Lost & Found, uno de los 'mercados de pulgas' decanos de la ciudad especializado en objetos vintage y de segunda mano. Quizá no encontraréis la mejor pieza a la primera pero a base de asistir reiteradamente a la cita –celebran dos mercados en la Barceloneta y la edición de invierno en la estación de Francia– y de hurgar mucho birra en mano, lograréis haceros con un tesoro, ya a sea un vinilo, un mueble de los años sesenta, un jarrón de cerámica alemana o una chaqueta digna de coleccionista.

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28

Recorrer el frente marítimo

Dicen que en 1992 Barcelona se abrió al mar, y esta es una de las razones por las que se pueden encontrar tantos hitos arquitectónicos y urbanísticos en la fina línea que separa el Mediterráneo y la urbe. Coged la bici, boli y lápiz para esbozar estas obras que forman parte del skyline de la ciudad, desde el Hotel W de Ricardo Bofill, pasando por el Paseo Marítimo de la Barceloneta, y la escultura 'Estel Caigut' de Rebecca Horn. O la construcción en madera del Parc de Recerca Biomèdica, que brilla muy cerca del resplandeciente pez de Gehry. Después, en la Vila Olímpica, daréis con Alvaro Siza, y en tercera línea de mar, intuiréis el barrio que se alzó para las Olimpiadas. No dejéis de pedalear; os esperan los rascacielos Tupolev, construidos en los años 50 al final de la Rambla del Poblenou, y sus rivales contemporáneos, obras como la espectacular Illa de la Llum; el Fórum y, finalmente, las tres chimeneas de FECSA, al otro lado del Besós. Que sea un viaje de ida y vuelta, para regresar a Barcelona mirando sólo al mar...

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Ciutat Vella
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27

Bailar lindy hop un domingo al mes en la Sala Apolo

Hace ya tiempo que la fiebre por el lindy hop (como en su día lo fue por la salsa o la danza del vientre) llegó a Barcelona, pero parece que no piensa marcharse. Son varias las escuelas que han puesto a danzar hasta a los más patosos y es habitual ver exhibiciones por las plazas de la ciudad así como clubes que programan conciertos y días de baile específicos de swing. Uno de los grandes saraos tiene lugar en la Sala Apolo un domingo al mes, cuando la sala grande sufre una metamorfosis hacia otra época. ¿Listos para el intercambio?

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El Poble-sec
26

Hacer una ruta nocturna sobre ruedas con la Associació de Patinadors de Barcelona

Seguro que los habéis visto más de una vez. Un grupo numeroso de gente patinando por la noche por las calles de Barcelona. Es imposible no observarlos con cierta envidia. Es la Asociación de Patinadores de Barcelona y si os queréis sumar a ellos cada viernes por la noche salen desde el Centre de la Vila y recorren diferentes barrios de la ciudad con rutas variadas y muy bien organizadas. En su web encontraréis el calendario de salidas, solo se os pide un mínimo nivel (saber girar, frenar, subir y bajar acercas, esquivar obstáculos...)

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La Vila Olímpica del Poblenou
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25

Mezclarte con la gente más moderna de Barcelona los sábados por la tarde en el Macba

Los sábados por la tarde el MACBA es un ir y venir de gente interesante que busca su sitio (y descifra jeroglíficos) en este contenedor de lo contemporáneo. Podéis tumbaros un rato en los pufs del hall del museo, bajo la ecuación de Lawrence Weiner, pasear por las exposiciones, contemplar las performances que surgen casi espontáneamente cuando cae la tarde, o echar un vistazo a la tienda, donde siempre se encuentra algún título interesante. Todo sin perder de vista la fauna que os rodea, claro.

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El Raval
24

Mirar escaparates del Born un sábado por la tarde. Solo mirar porque comprar...

Hablamos del Born, y de sus magníficas tiendas y escaparates. Pero una cosa es pasear por la calle Rec, y soñar con vestir las marcas de La Comercial y Nunita o con amueblar la casa con sillas Vitra, y otra cosa muy distinta es recorrer y perderse por el entramado de calles que se esconden entre Princesa y Argentería, que hace tiempo que son el territorio de los pequeños diseñadores, de la moda de proximidad, y los objetos de deseo de factura artesanal. Podéis resistir la tentación o bien haceros con un bolso de Iriarte Iriarte, un collar de Après Ski, los zapatos de About Arianne o las propuestas de moda de Ivori y Name.

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Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera
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23

Vivir las fiestas de La Mercè

El 24 de septiembre es Nuestra Señora de la Merced, y cada año por esas fechas Barcelona celebra las fiestas de La Mercè, nuestra fiesta grande. Es una fiesta mayor muy participativa, en la que se vuelcan las asociaciones de Barcelona, siempre hay una ciudad invitada –un intercambio de culturas– y donde hay actividades a cualquier hora del día. Desde las más tradicionales (sardanas, castellers, exhibición de bestiario de la ciudad, pasacalles, fuegos artificiales...), a decenas de conciertos muy variados, actividades infantiles, exposiciones, mapping y hasta una demostración aérea. No hay mejor manera que despedir así el verano.

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Dreta de l'Eixample
22

Peregrinar del metro Montbau hasta el Pabellón de la República

Próxima parada, Montbau. Cuando salgas del metro, desciende hasta las coordenadas 41.430299, 2.150780. Si llegas al punto correcto harás un doble viaje en el tiempo, hasta 1992 y de aquí a 1937. 'Els Mistos' de Claes Oldenburg y Coosje van Bruggen llegaron a Montbau coincidiendo con las Olimpiadas, y en el mismo año se erguía al lado de la cajetilla de cerillas una réplica del Pabellón de la República que Josep Maria Sert proyectó para la Exposición Universal de París de 1937. En el edificio, construido siguiendo las enseñanzas racionalistas y progresistas del GATPAC, se exhibió por primera vez el 'Gernika' de Picasso un año después del inicio de la Guerra Civil. En un chasquido de dedos, como si no hubiera pasado el tiempo, puedes regresar al presente...

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21

Escuchar el canto de la Sibila la noche de Navidad en Santa Maria del Mar

Nochebuena es sinónimo de comilonas, reencuentros, recogimiento y rituales; por solemne, místico y ecuménico nos quedamos con la peregrinación a Santa Maria del Mar para oír la interpretación del Cant de la Sibila. La Sibila, una joven vestida de blanco, se abre paso hasta el altar, y canta acompañada del órgano; los acordes de la melodía gregoriana se elevan hasta las alturas de la basílica, y los presentes, una curiosa mezcla de gente de orígenes y condiciones diferentes, escuchan en silencio el relato sobre el juicio final. Será el alto en el camino antes de seguir con la fiesta, diez minutos que pondrán la piel de gallina hasta al más incrédulo de la familia.

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Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera
20

Hacer el vermut en Sant Antoni

3 de 5 estrellas

La buena tradición del vermut se puede llevar a cabo en cualquier barrio de Barcelona, pero en Sant Antoni encontraréis un montón de sitios interesantes –tradicionales y más modernos– donde comer y beber. Algunos ejemplos para guiaros por el camino: La Bodega d'en Rafel (podéis empezar con un buen almuerzo de tenedor y cuchillo y seguir con un vermut regado con vermut casero y tapas de toda la vida), el Bar Calders (su terraza es una de las joyas del barrio), el pequeño Nostàlgic (con cervezas artesanas, vinos catalanes y un selección de tapas de primera), el Tarannà (con una amplia carta de tapas y conservas, pero os gustará a cualquier hora del día), la Bodega 1900 (Albert Adrià está detrás de esta bodega innovadora a pesar de que quiera ser fiel a los sabores de principios del siglo XX), Els Sortidors de Parlament (con una muy buena selección de vinos catalanes e internacionales a buen precio) o Casa Lucio (para los más sibaritas).

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Sant Antoni
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19

Pasear el perro por el Parque del Putxet

Y si no tienes perro, tampoco dejes de subir hasta esta colina de 178 metros de altura situada entre Vallcarca y Sant Gervasi. Vuestro compañero campará por una zona muy 'dogfriendly' con mucha vegetación y agradables caminos y zonas con bancos, y no los tristes pipicanes a los que muchos están acostumbrados. Además, subir hasta la cima tiene como recompensar disfrutar de una panorámica de Barcelona de 360º: el Tibidabo, Collserola, la Creueta del Coll, el frente marítimo, Sant Pere Màrtir, Montjuïc...

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El Putget i Farró
18

Subir al aéreo de la Barceloneta y al teleférico, de Miramar al Castillo de Montjuïc

Poned a prueba vuestra fobia a las alturas y subid al Teleférico. La aventura empieza con la ascensión a la Torre de Sant Sebastià, el gigante de hierro concebido por el arquitecto Carles Buïgas con motivo de la Exposición Universal de 1929; lo más emocionante es meterse en esa caja de cerillas roja –la cabina tiene espacio para 19 personas– para cruzar la ciudad suspendidos a 70 metros de altura. Después de 10 minutos de balanceo, sensación de ingravidez, y vistas de pájaro quizá querréis besar el suelo en Miramar; si os quedan ganas de volar, podéis regresar a la Barceloneta (viaje de ida y vuelta son 16,5 €) o coger el Aéreo hasta al Castillo de Montjuïc (el billete de ida cuesta 7,8 €). Las vistas también os dejarán con la boca abierta.

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17

Chafardear el precio del pescado en los mercados

Encontrar una buena parada de pescado requiere de tiempo y confianza, es un todo un 'work in progress' que empieza con pesquisas económicas y termina en los fogones. Podéis recurrir a clásicos casi infalibles como La Boquería, donde dicen que se encuentra lo más bueno del mercado (aunque no siempre a precios populares) o bien confiar en los mercados de barrio en busca de la mejor calidad-precio; si estáis en Gràcia, el de la Abaceria; El Ninot y la Concepció para los vecinos del Eixample; y el Clot, Cornellá o Sant Andreu, si vivís en las afueras. Tendréis que ganaros a los pescaderos para empezar con el juego de las suculentas ofertas...

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El Raval
16

Unirse a la fiebre del running

De acuerdo, la fiebre runner no se mide por la cantidad de sneakers de última generación que se ven sobre el asfalto sino por las aglomeraciones en las citas atléticas que se celebran en Barcelona. Para empezar el curso, en septiembre, está la Mercè; le siguen la Cursa de la Dona y la Jean Bouin, en noviembre; el pistoletazo de entrada y salida del año lo marca la Cursa dels Nassos; en marzo tiene lugar la Marató de Barcelona; y antes de primavera es el turno de la Cursa de Bombers (además están las carreras que se organizan en barrios y gimnasios). No hace falta ser atleta profesional, y a menudo tampoco exigen que se esté federado; basta con tener fuerza de voluntad y un poco de fondo... así que a seguir entrenando para mejorar la marca.

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Sants - Montjuïc
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15

Probar la mejor cocina catalana

Diversos restaurantes de la ciudad son famosos por crear los platos más telúricos de la cocina catalana, pero el boca-oreja popular les atribuye el maestrazgo en especialidades concretas (aunque dominen todo el recetario). Por ejemplo, para probar unos buenos canelones hay que ir a Casa Agustí, donde guardan cuidadosamente el secreto de un plato canónico. Si queréis saber qué es el capipota con garbanzos, Can Vilaró es la respuesta; el plato es una maravilla gelatinosa y gustosa de sofrito, y su albóndigas también puntúan muy alto. Y cuando sea época de caldo, debéis saber que en Ca l'Estevet llevan la escudella i la carn d'olla en la sangre (lo sabe incluso Mark Zukerberg, que comió allí). La paella es cosa de valencianos, de acuerdo, pero el 7 Portes ha definido una variedad de arroz deliciosa, la Parellada, donde no tendréis ningún trabajo arrancando carne de la cáscara o la costilla.

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El Raval
14

Ir al cine como cuando eras un crío

En los últimos años hemos asistido al triste espectáculo de ver cómo los cines de barrio de Barcelona bajaban la persiana, rendidos a la invasión del multisala que desde Gran Via 2 a la Maquinista han ido minando el mapa. Y aún así hemos visto cómo algunos valientes se la jugaban al rojo para reivindicar aquella calidez de los cines tal y como los conocimos de niños. El Zumzeig, por ejemplo, abrió sus puertas en el barrio de Sants en 2013, y ofrece una exquisita cartelera alternativa que escapa a las dinámicas del estreno del viernes. Pero quizás el caso más impresionante es el del Phenomena, un cine como los de antes, con cortina de terciopelo y una pantalla como una piscina olímpica, donde se pasan películas de todos los tiempos.

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Sagrada Família
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13

Leer un libro en un sitio tranquilo

Horacio fue el primero que habló de las virtudes de la vida retirada. Nosotros, que aprovechamos cualquier oportunidad para promocionar la lectura, os recomendamos que os hagáis con un buen libro y busquéis una sombra en algún jardín tranquilo, de esos con emparrados y árboles fruteros en los que las abejas zumban y todo huele a mermelada de arándanos. Pasad un sábado por la mañana leyendo a Foster Wallace entre los setos del Teatre Grec. Perdedle el miedo a Proust bajo los cipreses de los jardines de Laribal. Y por último, pero no por ello menos bucólico, dirigíos al Palauet Albéniz un domingo cualquiera con 'El barón rampante' de Italo Calvino. Puede que, como al protagonista, os dé por trepar a un castaño y quedaros a vivir en sus ramas por los siglos de los siglos.

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El Poble-sec
12

Ir un lunes al Apolo para contagiarse del espíritu del Nasty Mondays y acabar la noche en el Rincón del Artista

Salir un lunes parecer un ejercicio solo al alcance de Erasmus y guiris. Por eso, la verdadera demostración de fuerza del buen juerguista pasa por asistir a la clásica fiesta semanal de la Sala Apolo, los Nasty Mondays. Después, para recuperar fuerzas, solo hay que cruzar la calle y disfrutar del bar Rincón del Artista. Podréis llenar el buche mientras disfrutáis de una completa galería de imágenes de la farándula del Paralelo, museo de peregrinaje de animales nocturnos de todos los pelajes.

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El Poble-sec
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11

Visitar el Umbracle

¿Sabéis aquellas perlas de la ciudad que nos pasan demasiado desapercibidas? El Umbracle es una de ellas. El proyecto de Josep Fontseré se construyó a finales del siglo XIX siguiendo el estilo imperante; de aquí los pilares de fundición, las bigas de hierro y el ladrillo visto. Después, con motivo de la Exposición Universal, se convirtió en sala de fiestas; en la actualidad, recuerda el aspecto que tenía originalmente: un espacio sombrío y silencioso donde crece vegetación de todo tipo y orígenes. Encontraréis hortensias, kentias, ficus pequeños, costillas de Adán, ficus de la India, palmeras de cera y jazmín de invierno... Un espectáculo botánico de primera que solo abre entre semana y por la mañana; podéis dedicaros a descubrir (y desear) plantas, o sentaros a leer en paz en este simulacro de selva tropical.

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10

Conocer la cultura asiática en Casa Àsia

Su antigua ubicación, el Palau Baró de Quadras, nos encantaba, pero la actual nos fascina. Desde julio de 2013 la Casa Àsia se encuentra en el pabellón de Sant Manuel del Recinto Modernista de Sant Pau. Desde allí ofrece todo tipo de información sobre Asia y el Pacífico, desde exposiciones, festivales de cine y otra expresiones culturales o un montón de cursos y talleres de idiomas, de cultura y tradición, meditación o arte y creatividad, entre otros.

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El Guinardó
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9

Hacer tiempo en las tiendas de la calle Verdi antes de ir al cine

Verdi lo tiene (casi) todo. Es la eterna ganadora en el concurso de decoración de calles de las fiestas de Gràcia y también una de las arterias comerciales más importantes del barrio. Por no mencionar que allí está unos de los cines en versión original más querido por los barceloneses. Bares y restaurantes comparten acera con un montón de tiendas, que uno puede visitar, por ejemplo, antes de la sesión de la tarde. La variedad es abrumadora: los muebles restaurados de Alzira, los complementos de D-Lirio, los dulces de Çukor, Japonisme, el paraíso del fanático de la cultura nipona...

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Gràcia
8

Comerse unas sardinas (o una bomba) en la Cova Fumada

Si queréis autenticidad, no salgáis de aquí. Aquí no se preocupan por el interiorismo y la moda, lo que es importante es lo que sale de la cocina. Son los inventores de la bomba pero también os cocinarán a la perfección sardinas y alcachofas a la brasa, buñuelos de bacalao, desayunos de cuchillo y tenedor, pescado fresquísimo y mejillones, almejas, gambas, tallarinas...

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La Barceloneta
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7

Pasar una noche en el Heliogàbal

Entrar en el Heliogàbal siempre nos depara una sorpresa. Encontraréis conciertos de algunos de los mejores grupos (aquí, los Manel hicieron algunos de sus primeros bolos con un público afortunado de menos de 100 personas), recitales de poesía o actuaciones de artistas internacionales. Todos ellos en un ambiente familiar donde casi todo el mundo se conoce, y donde a menudo podréis encontrar músicos de la escena catalana que se escapan de los ensayos a tomar una copa. En el Helio siempre hay buen ambiente, cervezas frescas, DJ que os harán bailar hasta la madrugada... ¡No querréis salir nunca!

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Gràcia
6

Perderse por los bares de la calle Robadors (antes de que desaparezcan)

4 de 5 estrellas

La auténtica calle de Robadors es una especie en serio peligro de extinción, sobre todo desde que los aires gafapasta de la Filmoteca y los bares hipsters como La Monroe se instalaron en él. Por suerte, todavía se conservan tesoros con el aire de viejo barrio Chino como el Bar la Alegría o la Bodega de Rubén que, combinados con guaridas emblemas de la contracultura como el 23 Robadors, hacen de este rincón un museo viviente de la Barcelona popular, espontánea y –también hay que decirlo– un poco sórdida.

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El Raval
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5

Observar la fauna de la plaça del sol

Explican los más viejos del lugar que hubo un tiempo en el que en la plaza del Sol se podía encontrar cualquier cosa imaginable. Ha llovido mucho civismo sobre Gràcia desde entonces, pero sobre las escaleras, bancos o directamente en el suelo de la plaza todavía hoy abunda un montón de fauna de dos y cuatro patas, dispuesta a pasar horas y horas con una Xibeca para diez. De vez en cuando, todavía se ve alguna guitarra 'garrapatera' tortura de vecinos y bienpensantes pusilánimes.

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4

Buscar las sombras del Parc Central de Poblenou

Los expertos cuentan que el arquitecto Jean Nouvel lo tuvo fácil para trabajar en Barcelona, de ahí que hoy nos podamos deleitar con la Torre Agbar, la Fábrica Moritz y el Parc Central del Poblenou. Cuando en 2008 se inauguró el parque situado en la avenida Diagonal, y delimitado por las calles Marruecos y Bac de Roda, el arquitecto reconocido con el Premio Pritzker lo describió como "un jardín de silencios y sombras, con marcados tintes oníricos y pozos de cielo", pero parte de la vegetación escogida para adornarlo no era la más apropiada –de aquí que los sauces enfermaran y se talaran en 2015–. Los vecinos tendrán que seguir esperando la deseada sombra, o conformarse con las enredaderas y las buganvilias...

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Sant Martí
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3

Transitar de la plaza dels Àngels a la de Joan Coromines durante el BAM

Están la una al lado de la otra, semi conectadas por el Macba y durante la Mercè acogen dos de los grandes escenarios de las fiestas. Pero son muy diferentes. La dels Àngels ha sido colonizada por skaters que, siendo sinceros, la hacen todavía más especial. ¡Quizá habría que cambiarle el nombre! La de Joan Coromines, por el contrario, queda más escondida, pero suele estar igualmente concurrida por familias, paseadores de perros, el público del CCCB...

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Ciutat Vella
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Ir el miércoles por la noche al Horiginal a escuchar poesía

Recomendado

Si salís del MACBA y camináis veinte metros en dirección a la calle Joaquín Costa, encontraréis el Horiginal, uno de esos lugares del Raval donde el cultureta inquieto acude a caerse muerto. Desde fuera no parece más que uno de esos bares que sirven cecina y boquerones en vinagre. Entrad e id derechos a la trastienda. Tras su doble puerta se esconde el rincón de alterne poético más vivo de la ciudad. Este es un espacio a medialuz, con un escenario flanqueado por un telón de terciopelo rojo y un salón de sillas de madera en las que nuestros jóvenes rapsodas beben cerveza a morro y se felicitan los unos a los otros. Cada miércoles se celebran recitales y actuaciones poéticas de toda índole, de acceso gratuito, y esta curiosa despensa se llena hasta los topes de escritores emergente y editores sumergidos que acuden para vender sus libros. El Horiginal tiene una fiel parroquia, formada básicamente de literatos y bibliófilos, aunque todo el mundo es bienvenido. Entrad, sentaos, pedid una ración de croquetas y dejad que el espectáculo os sorprenda. ¡Larga vida al verso!

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El Raval
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1

Visitar a Rafel

5 de 5 estrellas
Recomendado

No, no es ningún pariente, aunque podría serlo porque cuando visitas su bodega, en la calle Manso (Sant Antoni), te sientes como en casa. Amabilidad y trabajo duro personificado en este hombre delgado de rostro entrañable. Parroquianos del barrio de toda la vida y gente joven confluyen casi de forma natural en la barra y en las mesas donde degustar un buen vermut y un buen vino que acompañan tapas buenísimas (tortillas, albóndigas, embutidos catalanes, callos...). ¡Tradición de la buena!

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Sant Antoni

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